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Notas60. Relación dada al Consejo por Arrieta. 61. Relaciones de causas 1570-1573. La guaca en que Salado vivía había sido antiguamente templo de los indios pescadores y desde su muerte se le llamó la guaca de Mateo Salado. Calancha, Corónica, página 626. 62. Carta de Saracho de 9 de marzo de 1574. Del proceso de visita de Ruiz de Prado consta que Salado fue preso en 8 de noviembre de 1571 y que depusieron contra él ocho testigos, y entre los cargos que el examen del proceso le sugirió al visitador, apuntamos los siguientes: «Entre otros testigos que después de estar preso le sobrevinieron al reo, fue un Francisco de Ampuero, vecino de Lima, que le testificó de haber dicho que habían de quemar a ciertos predicadores porque decía Cristo Nuestro Dios y que asimismo había dicho el dicho Mateo Salado que las Iglesias eran cuevas de ladrones, y dio contestes, y al pie del dicho de este testigo dice el secretario de Arrieta, este día paresció Francisco de Ampuero ante los señores Inquisidores y dijo lo mismo que su padre, y no dice más ni se examinó más en forma, ni los demás contestes se examinaron, ni éstos se ratificaron, ni dieron en publicación; esto pasó ante los Inquisidores Cerezuela y Ulloa, que será bien se advierta. Este reo fue mandado poner a cuestión de tormento in caput alienum, y el audiencia del tormento empieza de la monición, quedando atrás una hoja de papel blanco por entrambas partes, que parece haber sido descuido de Arrieta. Fue relajado el reo a la justicia y brazo seglar por hereje pertinaz, a 15 de noviembre de 1573 años: no se declara en los votos el tiempo cuando comenzó este reo a ser hereje, como se había de hacer.» 63. Carta de 25 de abril de 1572. 64. Era ésta una limeña joven (menor de edad, dicen los documentos), hija de Martín Pizarro y de Catalina Cermeño. 65. Carta del Obispo de Quito, de 15 de abril de 1578. Archivo de Indias. 66. En esto se aludía a Toro, Vélez y Gasco, quien, aseguraba el obispo Peña, había ido a Quito «a persuadirle de su opinión». Carta citada. 67. Causa de Crux, al final. 68. Este fraile, a quien el cronista de su Orden, Córdoba Salinas, le dedica por entero el capítulo V del libro II de su Crónica de la religiosísima provincia de los Doce Apóstoles del Perú, murió en opinión de santo, en 1584. 69. Relaciones del visitador Ruiz de Prado, fol. 296.
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