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Manuel M.
Martín-Rodríguez
Yale University En Los hijos del limo, Octavio Paz propone como característica esencial de la poesía de nuestro tiempo la crítica del sujeto, que marca el fin de la integridad del yo en la época moderna. El sujeto poético, «una cristalización más o menos fortuita del lenguaje» (Paz 207), deja de ser la voz colectiva e incluso la voz de algo que podríamos llamar personal para buscarse en la voz del otro:
La lectura de los mayores poetas de nuestro tiempo confirma en gran medida la tesis de Paz. La poesía actual se basa en una pérdida del control absoluto de la realidad imaginaria que poseía el poeta quien, ahora, se muestra consciente de la pluralidad de aspectos heterogéneos que componen su palabra y su ser. La alteridad33, sobre la que van a tratar las siguientes páginas, se entiende en este sentido como el constante descubrimiento de lo otro (sea personaje, máscara, lenguaje, etc.) en todos los aspectos de la realidad poética y política. En la poesía de Iván Silén, la transformación del sujeto poético como resultado del descubrimiento de la otredad es un proceso continuo y progresivo que se observa desde sus primeros libros; de hecho, es un principio activo de evolución que marca la sucesión de los distintos poemarios. Cada una de las sucesivas entregas poéticas de Silén aporta una nueva dimensión al cuestionamiento del sujeto y de la realidad presentes en el poema, así como al descubrimiento de la alteridad en los distintos aspectos de la creación. En nuestra opinión, el descubrimiento paulatino, libro a libro, de los «otros» aspectos de la realidad poética en la obra de Silén sugiere la utilidad de un recorrido cronológico por sus diversos poemarios; de ahí que en las páginas que siguen se discuta cada uno de sus libros en orden de publicación. Iván Silén (Santurce 1944- ), una de las principales figuras del pensamiento y la poesía en el Puerto Rico de hoy34, pertenece al grupo que Juan Ángel Silén denomina «Los escritores de la subcultura» (J.A. Silén 78), agrupados al comienzo en torno a la revista Mester, la primera en cuestionar la politización de la poesía defendida por la entonces dominante Guajana. Para Juan Ángel Silén,
Lo que nos interesa de esta cita es que define con certeza el
importante papel renovador que el heterogéneo grupo de escritores
«de la subcultura» representará para la poesía
puertorriqueña y nos permite situar en su contexto el origen del impulso
hacia la otredad en la poesía de Iván Silén. Los poetas de
Mester consiguen, ante todo, una
ampliación de horizontes poéticos, una incorporación de
esos otros aspectos de la realidad que la ortodoxia política de
Guajana dejaba fuera del espacio literario.
Los nuevos poetas cuestionan la realidad empezando por sí mismos, por su
propio yo poético, para adentrarse en los terrenos de «lo
maldito» en busca de los aspectos ocultos de una personalidad amenazada
por diferentes contradicciones irresolubles. No obstante, el fenómeno va
más allá de una
La formulación más clara de la poética de Silén en relación con la otredad se encuentra en el reciente trabajo «La alteridá de ser el No-Ser» (NS)36. El ensayo plantea el tema en relación con sus aspectos filosóficos tanto como políticos y poéticos, después de haberlo tratado en más de cinco libros de poemas. La afirmación crítica de lo que ha sido una tendencia principal en su obra es contundente: «Hemos decidido pensar la creación desde la alteridá» (NS 11, sic). Frente al pensamiento filosófico tradicional, caracterizado por su discurso unívoco, Silén opone justamente la alteridad como forma de destruir el discurso de la dominación encarnado en la obra de los filósofos clásicos. El origen del problema de la alteridad, según sugiere Silén en el ensayo, es político en el caso del puertorriqueño: «En 1917 se nos convertía, por el poder filosófico de las bayonetas, en otra cosa: de ser puertorriqueños a ser norteamericanos. Y aun así seguíamos siendo puertorriqueños sin poder dejar de ser yanquis» (NS 17; el subrayado es mío). De ahí que, según esta visión, la esquizofrenia política marque al puertorriqueño del siglo XX. La escisión que hace de uno mismo otro es una situación política que viene a sumarse a la tendencia general de la poesía contemporánea ya apuntada al principio de estas páginas. Podemos decir, por tanto, que Puerto Rico era un terreno abonado para la indagación poética de la alteridad, sobre todo para escritores como Iván Silén que reparten su tiempo entre la isla y el continente. Silén publica su primer libro, Después del suicidio (DS), en 1970. En ese momento, su poesía es, ante todo, política y existencialista. Su posición podría definirse como anarquismo nihilista. Así, en Después del suicidio, el sujeto poético cuestiona diferentes niveles de la realidad y se desvincula de ellos como quien se quitara otros tantos ropajes para alcanzar el yo primigenio debajo de todos ellos. Uno de los primeros rechazos es el de la religión, motivado por el pasado seminarista del poeta: «Todo comenzó una tarde/ cuando yo estaba solo/ y Dios llegó borracho». (DS 12). La confrontación que sigue en el poema es reflejo de la pérdida de fe de la persona poética, simbolizada por el Dios suicida, que será un punto de referencia más adelante para esta discusión sobre la alteridad:
La crisis personal del sujeto poético en este libro va más allá del terreno religioso. La propia realidad de todos los días se pone en cuestión:
Como resultado de este cuestionamiento de la realidad, el poeta se plantea en seguida el problema del lenguaje. ¿Cómo hablar de esa realidad de «voces falsas»? Su conclusión es igualmente nihilista. Las palabras ya no sirven para la comunicación en un mundo en que el lenguaje está contaminado de matices comerciales; más que abrir un nuevo mundo, las palabras lo cierran:
La crítica del lenguaje es, sin duda, el aspecto
más interesante en
Después del suicidio. Es una
crítica que se extiende hasta el lenguaje revolucionario imperante en la
poesía puertorriqueña
La antipoesía, el anarquismo nihilista, la crisis incipiente del sujeto y la crítica del lenguaje constituyen el clima poético de Después del suicidio. Los aspectos problemáticos que este libro confronta en relación con el tema de la otredad (la religión, el lenguaje, la política, la realidad entera), remiten a otras tantas agresiones externas que afectan al puertorriqueño en su vida diaria: la religión, tradicionalmente católica, deslinda entre cuerpo y alma (y con ello tierra/cielo); en lo lingüístico, tanto en la isla como en los Estados Unidos, hay una tensión constante entre el español y el inglés; y lo mismo ocurre en lo político, en donde Puerto Rico es y no es parte de los Estados Unidos, y en lo social, en donde el trabajador tiene que decidir entre quedarse en la isla o emigrar. Así, la realidad toda se presenta dividida y el sujeto parece abocado a decidir entre binarismos irreconciliables si es que quiere conservar su unidad. En Después del suicidio, la decisión del sujeto poético se produce en el último poema, «A un ser que tal vez ha muerto», que es el que más inquietantemente plantea la otredad en este libro. El poema, colocado al final de la obra, comienza y termina con la exclamación «¡nada!» Es una negación global, un rechazo radical en todos los terrenos. Sin embargo, al terminar el libro el lector ha de volver al título para preguntarse qué hay, en ese caso, después del suicidio. Para encontrar una respuesta, hay que recordar que el cuestionamiento de la realidad en este poemario representa una búsqueda del yo profundo, unitario, capaz de dialogar con Dios de igual a igual (recordemos que en un poema anterior, ya citado en estas páginas, también Dios se suicida). Ese yo de concepción romántica es, a nuestro entender, el «ser que tal vez ha muerto» del poema final, un suicida que reconoce el fracaso como culminación necesaria de una búsqueda imposible; un ser que busca su otredad después del suicidio poético del yo que él mismo ha consumado. El otro, en este primer poemario de Silén, es todavía un otro externo y discernible, que no pone en peligro absoluto la identidad del sujeto poético. El yo es capaz todavía de asestarse a sí mismo un golpe mortal en el último poema, que abrirá las «puertas cerradas» a todos los aspectos de la otredad cotidiana que se irán internalizando en los sucesivos poemarios del autor. Por ello, «después del suicidio» se entiende también como un apunte hacia la reflexión poética sobre «la otra realidad», que se desarrolla en su segundo libro, El pájaro loco (PL). Por primera vez, introduce Silén en El pájaro loco un texto teórico. Se trata de «El pequeño manifiesto», que le sirve de prólogo. En el manifiesto, ahondando en la polémica con Guajana, Silén aboga por el lirismo y por un neosurrealismo que define como «creación automática de metáforas violentas. En el cual se intenta expresar toda la poesía reprimida socialmente que hay en el inconsciente» (PL 12). Aplicando esta concepción a Después del suicidio, se puede ver que los sucesivos rechazos que se mencionaron entonces son otras tantas liberaciones de diferentes niveles de represión. Después del suicidio (destrucción del yo) habrá otra realidad creada por el acto voluntario del poeta (la escritura, el suicidio). Así, el poeta no es sólo un intérprete de la realidad, sino el que descubre otra realidad nueva, inédita.37 En El pájaro loco la nueva actitud se pone de manifiesto de inmediato. Desde el primer poema, que da título al libro, se presenta el poeta como un buscador. «El pájaro loco» es un recorrido órfico por los subterráneos de la ciudad de Nueva York en busca de la otra realidad escondida bajo las apariencias de la gran ciudad: «Bajamos hacia donde siempre es peligroso que se baje/ hacia donde hay tantas alcantarillas cerradas todavía/ tantos recovecos». (PL 19). Y aunque en un primer nivel de lectura el poema es sólo una observación de la realidad oculta de la ciudad, en un nivel más profundo vemos que es también un recorrido por los pasadizos del propio yo:
«El pájaro loco» sienta el tono de la primera parte del libro. A través del motivo del viaje interior (el yo dentro de la ciudad-dentro de sí) se introduce una serie de desdoblamientos que se irán acentuando después en el resto de la obra. La otra realidad se muestra como el resultado de la interiorización del conflicto con el mundo y, al mismo tiempo, es resultado también del descubrimiento de otro mundo dentro de sí. Con mucha claridad ocurre este desdoblamiento en toda la serie de poemas titulados «Sicosis». Valga como ejemplo «Sicosis XIII»:
Los puentes, como más adelante los espejos, son las puertas hacia la otra realidad. Aquellas «puertas cerradas» de Después del suicidio han sido por fin abiertas a través de la creación metafórica «neosurrealista». Se podría decir, incluso, que la distancia entre las dos realidades, con frecuencia asociada con el sueño y la inconsciencia, es el lugar de la creación de la metáfora. La otra realidad, por tanto, comienza por la búsqueda del otro yo, de ahí que la introspección sea la nota dominante en El pájaro loco. El otro deja de ser un agresor externo para convertirse en una presencia interna de aquellos aspectos que un yo unitario negaría. De todo esto no se debe concluir que El pájaro loco sea una superación definitiva del nihilismo imperante en Después del suicidio, sino más bien una transición poética hacia el nuevo valor de la relación entre el yo y su(s) otro(s). La visión del mundo nihilista surge de una posición política todavía relativamente ortodoxa dentro de la izquierda puertorriqueña. El análisis político de la realidad nos revela a la ciudad, por ejemplo, como estéril; es el lugar en donde:
La frustración, la esterilidad, lo son también del poeta, cuyos sentimientos se identifican con elementos de la ciudad para reforzar la asociación:
En relación con nuestro tema en este trabajo, estos ejemplos nos dejan ver hasta qué punto la posición política de Silén -tal como se refleja en su obra- se va tiñendo poco a poco de la asimilación progresiva de «lo otro», hasta convertirse en el motor principal de su poesía. La visión apocalíptica de la ciudad, por ejemplo, es el germen de la crítica a la metrópoli como colonia y a la estancia del yo en la ciudad como vivencia del exilio, que surgen ya en este poemario y que cobran especial intensidad a partir de los ensayos del autor agrupados en El llanto de las ninfómanas. Del mismo modo, el sujeto poético que recorre la ciudad está perdiendo su unidad, tal como observamos en la cita anterior al considerar el simbolismo de la máscara como otro rostro de la persona.38 Sin embargo, la fe revolucionaria continúa presente en esta segunda obra. La segunda parte del libro está constituida casi en exclusiva por poemas políticos, en donde el rechazo a Nueva York como metrópoli se hace en términos más militantes. En estos poemas, como sería esperable, la voz poética se muestra todavía firme, en un tono cercano a lo profético, pero hay ciertos indicios de la penetración del otro también en este ámbito. Uno de ellos es la gran riqueza intertextual de estos poemas, que atribuye el tono de los mismos a otras voces como la de Ernesto Cardenal en «El pájaro loco»:
La pluralidad de tendencias temáticas y estilísticas que se observan en el libro es asimismo un indicio de la tensión en que se encuentra el sujeto poético de esta obra. Se puede describir a este sujeto como un cruce de caminos en el que confluyen diversas direcciones. En la encrucijada, el poeta no puede optar ya por una de ellas, sino adentrarse en todas, transformándose y transformando su lenguaje según la dirección tomada. Lo otro deja de ser algo externo para convertirse en confusión de voces interiores. Del mismo modo, el poema extiende sus dimensiones habituales,
convirtiéndose en muchos casos en un largo canto que se aproxima a la
prosa poética o al versículo. No extraña, entonces, la
inclusión al final del libro de un cuento
De manera singular, el cuento indaga en la relación edipal madre-hijo como proyección del sujeto en el otro. La venganza de Luisa supone la aparición de una madre castrante, una agresión directa al sujeto poético representado por el escritor Pablo y encarnado en su hijo, su creación. La inversión del mito edipal sugiere dramáticamente la amenaza que el otro constituye para el yo y, al mismo tiempo, la indefensión -al menos temporal- de éste mientras dure su dependencia de la madre. El núcleo temático iniciado con el cuento (y ya vemos de qué forma los textos finales de los libros de Silén sirven de base para revisiones subsiguientes de su poética) se desarrolla de forma más extensa en el siguiente poemario del autor: Edipo Rey o: La caperucita. Poema a cuatro voces (ER). En este último, Luisa -que hace las veces de hermana/madre de Pablo -se autodefine en términos más concisos como la suprema fuerza castrante: «Porque yo Luisa yo los castro ... soy la madre de cada uno de ellos, la madre que llevan escondida como si fuera un pecado» (ER 44, sic). Para entender el conflicto edipal que este nuevo libro desarrolla, así como la importancia que cobra en el conjunto de la poesía de Silén, hay que considerar primero su aspecto lingüístico. En el fondo de la cuestión permanece el hecho de que toda lengua es en su inicio la lengua del otro. El niño, cuando aprende a hablar, está aprendiendo el lenguaje de la madre, de su primer otro. Por supuesto, a través del lenguaje el niño hereda también una visión del mundo particular, la ideología del otro que caracterizará, al menos, sus primeros años. El niño habla una lengua ajena y, por lo mismo, es un ser lingüísticamente desposeído hasta que comienza a rebelarse y apropiarse de la lengua que le viene dada, transformándola para hacerla suya. Al final de Edipo Rey, la dimensión política de este conflicto se refleja en la identificación que hace Luisa entre la madre y la ideología, cuando le propone a Pablo: «borremos del mundo a las madres, borremos del mundo a las patrias, borremos del mundo a los dioses» (ER 58). Silén se mueve todavía en los conceptos del anarquismo nihilista de su primera etapa. Edipo rey es un poema filosófico que aporta la dimensión crítica sobre el problema de la alteridad en relación con el lenguaje y la ideología. Es un libro crucial -aunque breve- porque supone el cambio de orientación definitivo en cuanto a la cuestión de la alteridad. De aquí en adelante, este tema llevará consigo un cuestionamiento radical de la formación del sujeto, hasta entonces aceptado como entidad ya definida, descubriendo la otredad en su mismo origen, ser de otro y a partir de otro. Asimismo, poemarios posteriores partirán de la crítica del lenguaje formulada en este libro para llevarla a terrenos todavía no tratados. Así ocurre, por ejemplo, con la inclusión del aspecto metaliterario -la reflexión sobre el acto creador- en la siguiente entrega poética de Silén: Los poemas de Filí-Melé (FM). Como en Edipo rey, en Los poemas se combinan verso y prosa, aunque ahora de forma más integrada. Tanto las secciones en prosa como las que están en verso se dividen, además, en fragmentos que funcionan como cantos del poema total. La longitud de dichos cantos, por su parte, varía desde largos fragmentos narrativos hasta otros que son apenas el desarrollo de una metáfora. Pero la variedad formal, lejos de restarle unidad a la obra, la potencia, porque es resultado de una evolución en la poética de Silén hacia los géneros híbridos, géneros que contengan en sí características de otros. Así, el poema, ya largo de por sí en Después del suicidio, se hace muy extenso en ocasiones en El pájaro loco que, además, incluye un cuento; Edipo Rey, por su parte, reúne características de poesía, teatro y cuento. En este contexto, la variedad observable en Los poemas es signo de la depuración constante de la forma por parte del poeta en un intento de llevar la alteridad a todos los aspectos de la creación poética. Como manifestación de la otredad, la intertextualidad juega un aspecto importante en Los poemas, llegando hasta el mismo título, ya que Filí-Melé es el nombre de un personaje aparecido con anterioridad en la poesía de Luis Palés Matos. De ese modo, la Filí-Melé de Silén contiene en su esencia algo de la de Palés Matos, a la que refiere de un modo u otro en la mente del lector.39 Lo más novedoso de
Los poemas, en cuanto al desarrollo de una
poética de la alteridad, es la reflexión que contiene sobre el
propio acto creador.
Dentro de este contexto, es significativo que la inversión de identidades, es decir, la interacción objeto/sujeto poético, conlleve también la inversión del nombre del poeta «Iván-Navi». Este movimiento retórico supone la destrucción máxima del lenguaje de la madre, ya que la madre es la que otorga su nombre al niño (creación) antes incluso que el lenguaje. En el fragmento citado, por el contrario, es la creación del poeta la que le ofrece un nuevo nombre y, con ello, el poeta logra «inventarse» a sí mismo, librarse del lastre ideológico que la dominación por el otro conlleva. Lo interesante para nuestro tema es que, para liberarse, tiene que inventarse como otro y a través del otro simbolizado por Filí-Melé. Si comparamos este nuevo planteamiento del tema con los ya vistos en la poesía anterior de Silén, notaremos que se ha producido una evolución constante a base de explorar nuevas dimensiones de la misma cuestión, es decir, la relación entre el yo y lo(s) otro(s). Para ello ha sido necesario el descubrimiento de los diferentes niveles de alteridad que, poco a poco, se han ido incorporando en los libros sucesivos hasta el que analizamos ahora. Tras el rechazo de la realidad y la confrontación con el otro externo en Después del suicidio, el sujeto poético decide adentrarse en sí mismo en busca de una nueva realidad. Es ahí donde se produce el desdoblamiento del sujeto, donde se descubre al otro en su dimensión interna. Por su parte, las referencias edípicas que comienzan ya en El pájaro loco y se desarrollan en Edipo rey remiten el problema hasta la raíz del individuo, es decir, su relación de sumisión física, lingüística e ideológica al otro desde el momento del parto. La gradación se consuma ahora, iniciando en Los poemas una crítica de la obra de arte y del papel del escritor -como creador- que seguirá madurando en la obra posterior del poeta. El espacio en que se desarrolla Los poemas, por su parte, es de particular importancia para el análisis de la otredad. En este libro nos trasladamos de lleno a la «otra realidad» vislumbrada desde mucho antes en la obra de Silén, pero sólo ahora desarrollada plenamente. A ella se accede, de forma significativa, a través del espejo (o sea de la contemplación de uno mismo como otro):
También es el espejo una metáfora del propio poema como texto liberador del yo dividido e invertido: «ahora que brinco por el espejo (ventana del poema) hacia el suicidio, ahora que yo brinco por la voz hasta la noche del cadáver, donde yo, Beatriz, sufro por ti, mujer y Dante» (FM 23). Alfredo Villanueva Collado, que ha estudiado el simbolismo del
personaje de Filí-Melé en relación -entre otras cosas- con
el espacio devastado que aparece en el libro, la considera símbolo de
Puerto Rico. En su lectura de
Los poemas, concluye Villanueva Collado que
en la obra se plantea una queja por parte del poeta que «parece opinar
que [la isla] no ha sabido retornar tanta devoción» (53) como le
muestran sus cantores. Con independencia de que la vinculación entre la
figura de Filí-Melé y la isla sea justificada en cierto nivel de
análisis, semejante queja como Villanueva cree ver es improcedente, ya
que la inversión de identidades que se consuma hacia el final del libro
está representando la unión del poeta con la amada (con la
creación) en un nivel
Por tanto, los símbolos de decadencia que abundan en el canto final del poemario y que pueblan el espacio del poema no se aplican a una «decadencia» de Filí-Melé-Puerto Rico, sino que refieren al sujeto poético tradicional en desintegración. Con toda claridad se vinculan con la preocupación con la otredad mediante el motivo del suicidio (tal y como opera simbólicamente en la poesía de Silén), la máscara (las muñecas) y las hermafroditas en este pasaje, por ejemplo:
El hermafrodita es el ser que reúne en sí los dos sexos, algo parecido a lo que ha sucedido en Los poemas tras la unión del sujeto poético con su creación, simbolizada en el intercambio de identidades sexuales. La muerte de Filí-Melé, la hermafrodita literaria, se produce en la otra realidad (el «lugar de los espejos») y conlleva tanto la muerte del objeto poético como del sujeto creador. Y es que la búsqueda del otro está destinada al fracaso, porque encontrarse con él es recomenzar la búsqueda, como ha observado Octavio Paz:
En los mismos términos se puede expresar la poética toda de Silén: búsqueda-encuentro-búsqueda, como otros tantos momentos del desdoblamiento del yo que busca la unidad imposible en lo(s) otro(s). Por eso no es de extrañar que al final de Los poemas el encuentro con ese otro ser inventado, reflejo especular del que busca, se convierta en nueva separación, no tanto entre el poeta y la isla como entre el poeta (la voz poética) y sí mismo. Es un abrazo de reunificación imposible, producido en los contornos de «la otra realidad». Dionisio Cañas, por su parte, se ha referido al ambiente de Los poemas notando que en el libro se produce una «destemporalización del sujeto poético. Todo es vago, ocurre en las esferas del sueño» (Cañas 14). Es que el sueño, hay que recordarlo, funciona en la poesía de Silén como una metáfora de «la otra realidad», la realidad inédita que el poeta descubre y en donde el sujeto poético se diluye. El sueño es el lugar de la creación poética del otro y de lo otro. No se entiende de forma literal, sino como metáfora del acto poético creador; más allá de una destemporalización del sujeto poético, lo que se produce en Los poemas, como en el resto de la obra de Silén, es la transformación constante y progresiva del sujeto. El abrazo imposible entre el yo y su otro se simboliza aquí por un corazón poblado de telarañas y un mar en descomposición:
La misma imaginería continúa y se hace más clara en el siguiente poemario, El miedo del pantócrata (MP), y analizándola se comprenderá mejor el cuestionamiento radical del yo que se produce en Los poemas. En El miedo, el mar representa la inestabilidad del sujeto poético abocado a la creación:
La nota dominante en el libro la proporcionan los motivos que de
alguna forma ocultan la identidad o revelan la inexistencia de una identidad
establecida. Los poemas se llenan de «máscaras»,
«estatuas», «rostros falsos», «líneas
tenebrosas», «muñecas», etc. Junto a ello, la voz del
poeta se ve rodeada de otras voces («el vecino se queja/ porque mi
maquinilla grita», MP 13) o
La indefinición del sujeto poético es muy clara en el poema precisamente titulado «El príncipe». En la segunda estrofa, la persona poética reflexiona sobre la cuestión de cambio y permanencia (lo otro/ lo mismo): «he cambiado como un trauma/ idéntico a sí mismo» (MP 11), y se define como «el imposible», «el profeta de las galaxias», «un ángel que toma el subway», «el que escribo debajo de la tierra», «la soledad», etc. (MP 11-12). Todas estas identificaciones establecen una particular tensión entre el deseo de establecer una definición de sí mismo y la imposibilidad de hallarla, pues en la constitución de la persona poética entran elementos tan contradictorios como las galaxias y lo aéreo frente a lo subterráneo del «subway» o del que escribe debajo de la tierra. Al mismo tiempo, el sujeto poético se desdobla para dialogar consigo mismo, lo que implica un contemplarse desde la perspectiva del otro: «iván silén [sic]/ qué lejos estás de todo lo que dices» (MP 13). A la distancia entre el sujeto y lo que dice y a la imprecisión definitoria se suma la penetración del otro en el espacio del yo: «porque dios se llama iván silén [sic]/ en esta noche/ y su voz huele a maquinilla». (MP 12). Al contrario que en Después del suicidio, el yo poético no rechaza ahora a Dios, sino que lo considera parte de sí mismo, una presencia de lo otro dentro de sí. Mientras que en el primer poemario el sujeto se enfrentaba a un otro externo, ahora vemos que el sujeto es una suma de interiorización y externalización, encarándose consigo mismo («ivan silén») como otro en el espejo del poema. Como resultado, la persona poética se encuentra inmersa en un ambiente sin contornos en donde todo vínculo real entre los objetos se difumina del mismo modo que lo hacen el tiempo y la idea que de sí mismo tiene el sujeto poético:
Esto provoca una necesidad de dialogar con el otro. Pero la persona poética confirma con terror que ella también es un «otro» que necesita hallar un lenguaje común para salir del juego de ecos o espejos contrapuestos a lo Xavier Villaurrutia en donde
El ambiente de desolación, simbolizado por esos puntos discontinuos que separan A de B, evoca en la mente del lector el final de Los poemas. En esta ocasión, no obstante, podemos comprobar mejor que la descomposición a la que apuntaban las imágenes de Los poemas no se refiere tanto a la isla de Puerto Rico como al otro que la persona poética se establece en ese poemario. En El miedo esa persona reconoce que «cualquier paredón/ es más hermoso que el lugar/ de las arañas donde duermo» (MP 17), aludiendo al «lugar del corazón.../ que poblaron las arañas» (FM 48) que es Filí-Melé en Los poemas. Filí-Melé es, por tanto, un estar separado y unido a la vez; es la conciencia de la desunión que puede remitir a la separación física de Nueva York (desde donde escribe Silén Los poemas) y Puerto Rico, pero también separación de un sujeto poético que se desdobla y busca en su otro la unidad imposible de la que ya hablaba Paz.41 Después de este recorrido poético, podemos
concluir que la poesía de Iván Silén, en su totalidad, se
articula en torno a los procesos de transformación del sujeto y el
lenguaje poéticos que caracterizan a la poesía
contemporánea post-moderna. En su obra se observa cómo
actúa la alteridad como fuerza que va minando libro tras libro la
autoridad de un yo heredado de la poesía de orientación marxista
en que el poeta habla como portavoz e intérprete de la realidad. El
descubrimiento y la incorporación de otros aspectos menos definidos de
la realidad van llevando al yo poético a la constatación de la
existencia de un otro, externo, al que debe su lenguaje e ideología
así como a la identificación de varias otras manifestaciones de
sí mismo (la presencia del otro dentro de sí). En la
relación con esos otros externos e internos se supera la
separación entre poesía política, de un lado, y
poesía íntima, de otro, que caracterizaba sus primeros poemarios.
El análisis poético de la otredad conecta esas dos esferas de la
realidad en un mundo de relaciones mutuas indisolubles en el que se mueve la
persona poética de los últimos libros. Es un yo a la deriva que
se busca constantemente en el fracaso (llámese «suicidio»,
«locura» o «lugar del corazón que poblaron las
arañas») de saber que la búsqueda no tiene fin, que
encontrarse
OBRAS CITADAS
Cañas, Dionisio. «La poesía de Iván Silén o el delirio de la realidad». Insula 33.380-81 (1978): 14. Lastra, Pedro. «Poesía hispanoamericana actual». Relecturas hispanoamericanas. Santiago: Editorial Universitaria, 1987. 129-37. Matilla Rivas, Alfredo. «The Broken English Dream: Poesía puertorriqueña en Nueva York». Revista del Instituto de Estudios Puertorriqueños del Brooklyn College 1.1 (Spring 1971): 61-67. Paz, Octavio. Los hijos del limo. Barcelona: Seix-Barral, 1974. Silén, Iván. «La alteridá de ser el No-Ser». Cuadernos de Poética 4.2 (Ene.-abril 1987): 3-23. _____. La biografía. Iztapalapa: Villicaña, 1984. _____. Después del suicidio. Santo Domingo: El Caribe, 1970. _____. Edipo Rey o la caperucita. Poema a cuatro voces. Montevideo: Arca, 1974. _____. El llanto de las ninfómanas. New York: El libro viaje, 1981. _____. El miedo del pantócrata. Santo Domingo: Colección de poesía Luna Cabeza Caliente, 1980. _____. Nietzsche o La dama de las ratas. Iztapalapa: Villicaña, 1986. _____. El pájaro loco. San Juan: Ediciones Librería Internacional, 1972. _____. Los poemas de Filí-Melé. New York: El libro viaje, 1976. Silén, Juan Ángel. La generación de escritores de 1970 en Puerto Rico (1950-1976). Río Piedras: Ed. Cultural, 1977. Villanueva Collado, Alfredo. «Filí-Melé: Símbolo y mujer en la poesía de Luis Palés Matos e Iván Silén». Revista Chicano-Riqueña 10.4 (Fall 1982): 47-54.
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