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Notas180. Conviene introducir algunas precisiones acerca de la identidad de las naves presuntamente involucradas en
las navegaciones a la Antártida. La primera cuestión concierne al destino dado al patache de Gherritsz, el Ciervo
Volante o Buena Nueva, que algunos autores equivocadamente traspasan al mando de Gabriel de Castilla. Como
hemos visto, la nave fue despachada desde Chile al Perú bajo la custodia del capitán Ulloa; se la incorporó a la flota
de Juan de Velasco, llegando hasta las costas mexicanas, pero en años posteriores desaparece de las listas de la
Armada, presumiblemente dado de baja porque «no servía para navegar a la bolina» en la costa sudamericana. La
nave capitana de Gabriel de Castilla, en su navegación de 1600, había sido el galeón San Jerónimo, de tres cubiertas,
250 toneladas y 24 cañones, construido en los astilleros de Guayaquil para reemplazar a la nave del mismo nombre
que fue con Gallego al estrecho y con Mendaña a la Oceanía. Este segundo San Jerónimo fue echado a pique por
Oliverio van Noort en su ataque sorpresivo a Valparaíso. No pudo entonces, como equivocadamente sostuve en una
publicación anterior («Chile y el descubrimiento de la Antártica». Revista Diplomacia, julio-agosto 1974, pp. 7-10),
ser esa la nave que consumó la primera navegación antártica de la historia. Posteriormente, Gabriel de Castilla debió
recurrir al requisamiento de tres mercantes para volver a la costa chilena a fines de 1600. Solo en 1602 estuvo pronto
el nuevo buque insignia de la Armada, galeón Jesús María I (para distinguirlo de un gran navío de 1.200 toneladas
construido a mediados del siglo XVIII). El Jesús María I desplazaba 600 toneladas y estaba artillado con 30
cañones. Bajo el mando de Gabriel de Castilla fue a la Antártida en 1603, participó en la batalla de Cañete contra
Spilberg y sirvió en la Armada por casi tres décadas. En el viaje de 1603, la escuadra de don [147] Gabriel estuvo
también compuesta por la Nuestra Señora de la Visitación, como almiranta y por la Nuestra Señora de las Mercedes,
de 400 toneladas. La primera nave mencionada ha sido identificada con la vieja Dainty de Hawkins y su reparación,
junto con la construcción del Jesús María costaron 770.797 reales a la Caja de Lima. Para el estudio detallado de
la Armada del Sur, nos remitimos a las obras ya citadas de Pére-Mallaína y Torres Ramírez, De Cappa y al libro
clásico de Cesáreo Fernández Duro: Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón, Madrid,
1895-1903.
181. Extractado del capítulo «De navigatione instituta per Fretum Magellanicum à Iacobo Mahu et Simone de
Cordes, Rotterdam solventibus quinque navium clase Anno 1598» de la traducción latina por Casparus Barlaeus de
la Historia de Herrera, publicada en Amsterdam en 1622 por Michael Colijn. La Historia apareció en Madrid en
1601 y fue editada, en traducciones latina, holandesa y francesa en 1622 en Amsterdam. Por tanto, Barlaeus (Van
Baerles) es incuestionablemente el autor del mito del descubrimiento de la Antártida por Gherritsz que Théodore
de Bry y otros compiladores iban a popularizar.
182. Como se ha señalado, la adición de Barlaeus a la Historia de Herrera no está confirmada por las demás
fuentes impresas existentes: la relación de Barent-Jansz Potgister, las cartas de William Adams (Samuel Purchas.
Hakluytus Posthumus, or Purchas His Pilgrimes. Londres, 1625, V. t, p. 130, Vol. v, p. 588 y p. 1391, nota) ni las
cartas que Oliverio El Tabernero dice haber recibido de Gherritsz desde su prisión en Lima. Ponemos esta
afirmación de Van Noort (Olivier van Noort. Neu Schiffahrt, etc. Amsterdam, Cornelis Claesz, 1602) en condicional
porque, a pesar de haber desembarcado un espía en Arica, no hay explicación convincente de cómo llegaron las
cartas a su poder.
183. Una tabla de latitudes alcanzadas por diversos navegantes en los mares australes arrojaría las siguientes
marcas: John Davis Desire 1593 62º Hendrick Brouwer Amsterdam 1643 61º 59' Bartholomy Sharpe Trinity 1682 58º Ambrose Cowley 1688 62º 41' George Shelvocke Speedwell 1719 61º 30' Fco. de Aróstegui Liebre 1762 61º Jacob Roggeveen Ticohover 1772 62º Pedro Colarte S. Pedro Alcántara 1774 61º [149] Sólo James Cook sobrepasó, recién en 1773, los 64 grados alcanzados por el galeón de Gabriel de Castilla en
1603, llegando ese año a los 71º l0' de latitud Sur.
184. Balch, Antarctica, 1902, p. 51, destaca la semejanza de los archipiélagos cercanos a la Península Antártica
con los de la costa noruega, tales como las islas Lofoten, en la primavera, antes que se derrita la nieve... observación
compartida por el gran historiador noruego de la Antártida, Bjarne Aagard: «Who Discovered Antarctica?», Sixth
Pacific Science Congress. University of California in Berkeley, Stanford University, and in San Francisco, 24 VII-12
VIII 1939, pp. 675-707.
185. Siguen cautamente a Balch (1902): Hugh Robert Mill: The siege of the South Pole. The Story of Antarctic
Exploration, Londres, 1905. E. Wm. Hunter Chriestie. The Antarctic Problem. An historical and political study.
Londres, 1951; mientras que Aagard Bjarne, en la monografía citada, expresa sus reservas sin descartar totalmente
la posibilidad de un descubrimiento español. Se inclinan a considerar descubridor a Gabriel de Castilla: Vladimir
Lébedev. Antárktika, Moscú, 1957 (versión castellana, ed. Cartago, Buenos Aires, 1965). Ernesto Fitte: El
Descubrimiento de la Antártida, Buenos Aires, 1962. Oscar Pinochet de la Barra: La Antártica Chilena, 4.ª ed.
Santiago, 1976. Estudios especiales sobre el tema, Jorge Berguño: Estudio histórico del descubrimiento de la
Antártida Sudamericana, 186. El envío del refuerzo de 1589 ha sido estudiado por Francisco Antonio Encina: Historia de Chile, Tomo III.
Capítulo XX (Gobierno de Alonso de Sotomayor). La participación de Gabriel de Castilla ha sido documentada por
Luis de Roa Urzúa: El Reyno de Chile, 1535-1810. Estudio Histórico, Genealógico y Biográfico, Valladolid, 145.
(Artículo sobre don García Hurtado de Mendoza).
187. Carlos Morla Vicuña: Estudio Histórico sobre el Descubrimiento y Conquista de la Patagonia y de la Tierra
del Fuego, Leipzig,1903. Apéndice. Primera Memoria dirigida por el Secretario de la Legación de Chile en Francia
al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1873. Pruebas de Jurisdicción Marítima, p. 199.
188. La cuestión de si Hernando Lamero pudo acompañar a Juan Fernández en su expedición a la Oceanía y si en
algún momento navegaron juntos por las costas de la Patagonia Oriental, o si estas referencias que coinciden con
las leyendas en mapas antiguos («aquí se perdió Hernán Gallego») más parecen referirse a Gallego «El Viejo», es
muy intrincada y tangencial para el tema que nos ocupa, pues pertenece al ciclo de las navegaciones oceánicas.
Martín Fernández de Navarrete: Colección de los Viages y Descubrimientos, etc., Tomo IV, 1837, pp. XIII y 220;
así como J.G. Kohl: Geschichte der Entdeckungrsreisen und Shiff-fahrten zur Magellan's-Strasse... mit acht Karten,
Berlín, 1877, pp. 70-71, se refieren a este asunto.
189. Manuel de Amat y Junyent: Historia geográphica e hidrográphica con derrotero general correlativo al plan
del Reyno de Chile (Ayala) que remite a Nuestro Monarca el Señor Don Carlos III que Dios Guarde, Rey de las
Españas y de las Indias, su Gobernador y Capitán General Don Manuel de Amat y Junyent. Se encuentra en el
Tomo 66 del Archivo Morla Vicuña. Ha sido reproducida en la Revista Chilena de Historia y Geografía. N.º 53, 54,
55, 56, 57, 58, 59, 60, 61 y 62, 1924-1928. Lamentablemente el plano que debió acompañar esa relación se ha
perdido.
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