publicidad

 

Pàgina principal
    Vida del Ilmo. Señor Don Felix Amat, Arzobispo de Palmyra ...
     Lo escribió ... Fèlix Torres Amat ...
Pàgina principal Enviar comentaris Fitxa de l'obra Marcar aquesta pàgina Índex de l'obra Avall Següent
ArribaAbajo

Vida del Ilmo. Señor Don Felix Amat

Arzobispo de Palmyra, Abad de San Ildefonso, Confesor del Señor Don Cárlos IV, del Consejo de S. M &c.

Félix Torres Amat



A LA TIERNA Y GRATA MEMORIA
DEL ILMO. SEÑOR DON FELIX AMAT,
ARZOBISPO DE PALMYRA,

Felix Torres Amát.       



     Subiste, oh alma grande, á la régia y sublime mansion de la Paz y Caridad, donde contemplas ya de lleno y sin celages la santa Verdad por la que tanto suspiraste. Mil lazos del mas puro y acendrado amor me unieron á tí sesenta años hace: lazos que siento estrecharse cada dia mas despues de tu feliz traslacion á esa morada eterna. ¡Sabio y amantísimo Mentor mio! nunca he olvidado que te debo á tí las máximas de aquella filosofía divina que enseña al hombre el maravilloso secreto de vivir feliz aun en medio de las revoluciones y trastornos de esta vida. Deseoso, ahora mas que nunca, de que tan precioso secreto le conozcan todos los mortales, estás mirando con placer el que yo procure por medio de tus escritos hacerle penetrar hasta el humilde y lóbrego recinto do yace el mas miserable entre ellos; y espero que la historia de tu vida, justo tributo de mi ardiente gratitud, moverá á los lectores á buscar en nuestra divina y consoladora Religion el verdadero talisman ó arte celestial de sacar la felicidad de las entrañas mismas de la desgracia.



[1]

ArribaAbajo

Introduccion

     En el sagrado libro del Eclesiástico (c. XXXIX. 1.) se recomienda como una ocupacion muy loable el recoger los documentos y explicaciones útiles que nos han dejado los varones célebres. La historia de los hombres que se han distinguido por su sabiduría ó por su virtud ilustra nuestro entendimiento, al mismo tiempo que inflama nuestra voluntad á seguir su ejemplo. El mas bello elogio que puede hacerse de un varon esclarecido, es el publicar una historia de su vida, que represente como un fiel retrato hasta sus menores acciones, y revele sus mas ocultas virtudes. El verdadero mérito es aquel que puede sufrir el exámen y juicio imparcial de la historia: y si las virtudes de la vida privada no afianzan la reputacion que se ha adquirido á los ojos de sus contemporáneos, ilusos muchas veces ó engañados; tarde ó temprano cesa la ilusion, la máscara cae, y el héroe se desvanece. Penetrada de estas verdades la Real Academia de la Historia, encarga siempre á alguno de sus individuos el recoger datos para escribir la vida de aquellos célebres académicos que han pasado á la region de la eternidad. El haberme honrado con este encargo, cuyo desempeño miro como un deber mio, y tambien el natural deseo de expresar de algun modo mi tierna y justa gratitud, dando á conocer mas el mérito del varon sabio á quien debo toda mi educacion, y que por espacio de cuarenta años ha sido mi segundo padre, mi primer amigo, y el mentor de todos mis estudios, me hace tomar la pluma para escribir la vida de un ilustre Prelado, llamado ya por muchos el Bossuet de la Iglesia de España, [2] muy conocido entre nosotros y entre otras naciones por sus producciones literarias á favor de la religion, y para la felicidad de los pueblos: la vida del Ilmo. Sr. D. FELIX AMAT arzobispo que fué de Palmyra, abad de san Ildefonso, y confesor del augusto monarca el Sr. D. Cárlos IV, durante los diez y siete meses últimos de su reinado.

     2   Pero antes debo decir los medios y auxilios que he tenido para formarla: á fin de que por la solidez y autenticidad de los datos en que se apoya, pueda merecer la confianza y autoridad que reclama toda historia; ya que no me es dado el saber presentarla con aquel estilo grave, á la par que culto y ameno, que tanto contribuye á realzar las acciones de los varones célebres, y al placer con que se leen sus vidas.

     He sido testigo de vista de las acciones del Ilmo. Sr. Amát por espacio de treinta y seis años, desde que cumplí los catorce de edad en que se encargó de mi educacion hasta el año de 1822. Y en los siete que viví fuera de su casa, esto es, en el de 1801, y despues desde 1816 á 1820, y últimamente desde setiembre de 1822 al noviembre de 1824 en que murió, aun en estos intervalos pasé muchos meses en su compañía, y en los demás recibia carta suya todos los correos. Fuí su amanuense durante muchos años; y las circunstancias de ser su sobrino y ahijado me han proporcionado exacta noticia de los sucesos de su vida, y hasta de las acciones mas interiores de su conducta privada. Quedan en mi poder todos sus manuscritos, y de ellos he sacado gran parte de las fechas cronológicas y algunas noticias de su vida, que tal vez no conservaba ya con exactitud en mi memoria. De estos manuscritos, y de sus cartas, aun las familiares que escribia ó dictaba en pocos minutos, y tambien de sus obras impresas, me valdré á cada paso para presentar á mis lectores una viva imágen de su grande alma, haciendo conocer su carácter peculiar y sus opiniones con sus mismas palabras, ó las producciones de su mente. Y como apenas hubo en España, en su tiempo, sabio alguno que no tuviera con él amistad ó relaciones literarias; podré, sin desviarme del objeto principal, adornar y amenizar la vida del [3] Arzobispo de Palmyra con varias noticias biográficas de otras sábios españoles contemporáneos suyos; y aun dar á conocer no pocos cuya memoria, muy digna de la posteridad, queda solamente en preciosos escritos que probablemente no verán nunca la luz pública, ó á lo mas dentro de la pequeña esfera de cuatro modestos amigos que, como ellos, viven y morirán desconocidos y arrinconados.





ArribaAbajo

ÉPOCA PRIMERA

de la vida del Ilmo. Sr. AMAT, desde su nacimiento hasta que en la edad de treinta y cinco años fué nombrado canónigo magistral de la santa iglesia de Tarragona.

     3   DON FELIX AMAT DE PALOU (1) Y PONT nació en Sabadell, villa de unos setecientos vecinos, industriosa y agricultora, á cuatro leguas al norte de Barcelona, el dia 10 de agosto del año de 1750: habiendo sido bautizado el otro dia en la iglesia parroquial de la misma. Fueron sus padres D. Juan Amát de Palou y Salvany, y Doña Teresa Pont y Augirot. La familia de Amát gozaba solamente de un módico patrimonio, heredado de sus mayores; con el cual y el producto de un pequeño comercio daban educacion y carrera á sus hijos, aunque no la que correspondia al lustre de su antigua nobleza. Desde el año de 1599, en que D. Miguel Juan Amát de Palou asistió y firmó en las Córtes en calidad de noble y caballero, fueron disminuyendo los bienes de esta familia; pero desde principios del siglo pasado se conservó siempre en aquella medianía de bienes y de honores, que suele ser el estado en que se goza de una vida verdaderamente feliz. Un talento ó ingenio despejado, junto con el espíritu de paz y caridad fraternal, forman desde muy antiguo el carácter de la familia de Amát. Aun se conserva en Sabadell la memoria de los caritativos afanes [4] con que á principios del siglo pasado la libró Don Juan Amát, abuelo de Don Félix, de ser saqueada y talada por las tropas de Felipe V y del Archiduque de Austria (2).

     Otra prueba del caracter de la familia de Amát presentaba en Barcelona en los años siguientes el P. Fr. José de santo Tomás de Aquino, llamado en el siglo D. José Amát, varon de ejemplar virtud y saber, honor de la órden de Carmelitas descalzos. En 1808 se conservaban todavía en los cláustros y sobre las celdas y oficinas del convento de Barcelona muchas décimas, octavas y cuartetas, en que dejó el virtuoso y sabio religioso manifiestas señales de su talento y piedad cristiana.

     Doña Teresa Pont, madre de Don Félix, fué hija de la antiquísima casa de este nombre que habia en la villa de Tarrasa, y lleva ahora el nombre de Vidal. La viva memoria que se conserva en dicha villa del virtuosísimo Beneficiado de ella y ejemplar de sacerdotes el venerable Don Francisco Pont, está unida con la idea de la virtud, candor y prudencia, que dejó en Sabadell su hermana Doña Teresa. Hállase un resúmen de la vida de este Venerable en la Coleccion de Santos Mártires, Confesores y varones venerables del clero secular, por Don Fernando Ramirez de Luque (3). Tuvieron Don Juan Amát y Doña Teresa Pont ocho hijos, á saber: Don Antonio, Don Bartolomé, Don Francisco, Don Félix, Don Jayme, y las tres hijas Doña Teresa, Doña Catalina, y Doña Isabel. Todos han muerto antes que Don Félix, menos Don Francisco, que murió dos meses despues en Sevilla, siendo Arcediano de Jerez en aquella santa iglesia. Allí mismo habia muerto el bondadoso Don Jayme, autor de las Observaciones en que impugnó al conde de Cabarrús sobre fomento de la industria, y murió víctima del amor paternal con que quiso asistir y consolar á su hijo único, que de edad de veinte y cuatro años pereció en la epidemia del año 1819 en el lazareto de Jesus Amate (4) junto á Sevilla.

     4   Acababa de cumplir Félix los siete años de su edad, cuando le enviaron sus padres á la villa de Sallent, á dos leguas [5] de Manresa, para que bajo el cuidado de Doña Teresa su hermana, casada con Don José Torres y Cererols, hacendado de la misma, estudiase la gramática latina y principios de retórica. Por fortuna tenia Sallent entonces un excelente profesor de latinidad llamado Don Silvestre Riera, sacerdote de muy buen genio y naturalmente amante de los niños, al cual la casa de Torres mantuvo como á hijo hasta la muerte. Las composiciones latinas en que ejercitaba á sus discípulos, de las cuales todavía conservaba algunos borradores el Sr. Amát, y las varias cartas que despues escribia á éste, son una buena prueba de que Don Silvestre Riera tenia mas buen gusto en las humanidades de lo regular en aquella época. Contribuiria mucho á esto el Dr. D. Melchor Torres (5), tio de Don José Torres, que gobernaba entonces la casa, sacerdote de no vulgar instruccion, el cual se aficionó sumamente á Félix y cuidó siempre con un singular cariño de su educacion. Mantuvo siempre Don Melchor relaciones literarias con algunos sabios de la universidad de Tolosa de Francia, en la cual se habia graduado de doctor en teología. Bajo la direccion pues de estos dos respetables eclesiásticos, que afortunadamente tenia la casa de Torres, desplegó luego el niño su despejado talento, y se atrajo con su bellísima índole el amor de cuantos le hablaban. Amóle luego extraordinariamente el digno párroco de aquella villa, el Dr. D. Pedro Verdaguér, académico benemérito de la Real de Buenas-Letras de Barcelona, sugeto muy conocido por su literatura, y en el cual se veia resplandecer el zelo pastoral del Ilmo. Sr. Marimon, uno de los grandes obispos que ha tenido la iglesia de Vich, y de quien habia sido maestro de pajes y dejó escrita la vida. Absorto quedó un dia el doctor Verdaguér al saber que el niño Félix, que no llegaba á la edad de ocho años, se habia formado un librito en que escribia todas las preguntas y respuestas de doctrina cristiana que oia en su casa, en la escuela y en la iglesia; añadiendo algunas cláusulas con que el respetable párroco en sus doctrinas, y el preceptor en sus lecciones, explicaban los dogmas y misterios de nuestra santa Religion, los preceptos de [6] la ley, las festividades de la Iglesia, y la esencia y calidades de las virtudes y de los vicios (6). Así es que le apellidaba el teólogo.

     5   Era cosa que llamaba la atencion de toda la gente el ver á un niño de ocho años pasear muchas tardes y conversar, cual si fuese de edad madura, con varios curas y eclesiásticos respetables que en los veranos acudian á Sallent á bañarse en el rio Llobregat, cuyas aguas pasan lamiendo las paredes de la casa de Torres. Preguntaba un dia mi madre Doña Teresa Amát al canónigo de Vich D. Magin Cantacorps: ¿Cómo se entretienen ustedes tanto en conversar con este niño? «Señora (le respondió) hallo mas gusto en conversar con Felicito que con todos los demás compañeros.» Y pues que he hecho mencion de los eclesiásticos que contribuyeron á su buena educacion hasta los once años, faltaria á la exactitud de esta historia si callase aquí que el venerando Arzobispo de Palmyra contaba muchas veces en sus últimos años, y no sin asomársele las lágrimas á los ojos, lo mucho que debia á su querida hermana Doña Teresa, que con el singularísimo talento, amable modestia y prudencia suma con que la dotára el cielo, era un dechado perfecto de una buena madre de familia. «Pedíale muchas veces (son palabras del señor Amát) antes de ir á la escuela que me tomara la leccion de los nombres y verbos, y de los géneros y sintáxis latina, y casi nunca me volvia el libro sin hablarme del santo temor de Dios, del horror á toda mentira, ó sin darme algun otro documento importante.» No es de admirar que tuviese despues el señor Amát tanto placer en recibir cartas de tan digna hermana, tú que la respetase toda su vida como á madre suya (7). Ella fué la que comenzó á labrar aquella piedra preciosa, que tanto habia de brillar en la Iglesia.

     6   Acabada á los once años la gramática latina y principios de retórica, pasó á Barcelona para seguir allí el estudio de la elocuencia y de la poesía, y cursar en seguida la filosofía en las aulas del seminario episcopal. Su hermano mayor Don Antonio, que se habia establecido en dicha ciudad con motivo del casamiento con Doña Ana María Miquel, recibió en su casa [7] al niño Félix, y suplió bien el amoroso cuidado que de él tenia su hermana de Sallent. Dispertábale él mismo cada dia á las cinco de la mañana y encendíale la luz para que estudiase. En los días festivos se le llevaba á dar un paseo, que terminaba casi siempre en los cláustros del convento de padres Carmelitas descalzos, donde habia muerto el virtuoso tio de ambos el P. Fr. José de santo Tomás de Aquino, y en donde tenia D. Antonio, su director espiritual. Comenzó luego su hermano á enseñarle la aritmética; y no tenía aun cumplidos los trece años, cuando pidiéndole un dia en qué estado tenia el palomar que para su diversion le habia formado, le presentó un estado de cargo y data segun la forma de escritura doble á estilo de comercio, que dejo admirados á todos los que le vieron y oyeron como se explicaba.

     7   Con el estudio de la retórica y poesía desarrollóse rápidamente la viveza de su talento. Entre sus manuscritos se ven aun pruebas convincentes de esta verdad en varios borradores de composiciones en prosa y verso, latinas y castellanas, que le encargaba su catedrático, el hábil Dr. D. Salvador Puig, autor de una retórica que se estudia en el seminario de Barcelona y en muchas aulas de dentro y fuera de la provincia (8). Hizo en seguida rápidos progresos en la filosofía, de que dió al fin del curso una prueba manifiesta en las conclusiones generales que defendió en junio de 1766. En este ejercicio admiró ya el público aquella madurez de juicio y precoz penetracion que anuncian los grandes talentos, y sobre todo la singular facilidad con que producia sus ideas. Fué su catedrático de filosofía el Dr. D. Pedro Sanmartí, que murió despues siendo rector del seminario, eclesiástico muy benemérito, pero que miraba todavía con respeto aquellas rancias é inútiles cuestiones de filosofía, que aun hacían las delicias de los demas profesores, á pesar del globo de luz que habian encendido ya en otras aulas de Barcelona los sabios P. Mtro. Fr. Francisco Armaná, agustiniano, hecho luego obispo de Lugo y despues arzobispo de Tarragona, y su íntimo amigo el servita P. Mtro. Fr. Buenhijo Piquer. Estos dos religiosos, haciéndose superiores [8] á las hablillas y contradicciones que experimentaron, lograron introducir, aquel en el colegio de S. Agustin, y éste en su convento de PP. Servitas, una filosofía depurada de las cuestiones inútiles del peripato, y de aquellas nociones vagas y términos insignificantes, que servian mas para formar sofismas que para discurrir con acierto. Era verdaderamente cosa lastimosa ver el furor con que se disputaba en las aulas sobre mil cuestiones inútiles, en las que, desatendido el provecho, solo se buscaba la estéril gloria de un vano triunfo. Era preciso para esto inventar sutilezas, y distinciones muy metafísicas, para eludir las dificultades; y el que mejor hacia esto pasaba por el mas gran filósofo.

     8   Haria agravio al despejado entendimiento de nuestro jóven el que pensase que pudo quedar satisfecho con los tratados de filosofía que dictaba su catedrático. El gérmen de sabiduría que el Criador habia puesto en su alma, no podia encontrar sino embarazos para desenvolverse en medio de las áridas sutilezas de ciertas cuestiones inútiles, y de muchas palabras vacías de sentido, de que abundaba aun la filosofía que se enseñaba entonces en el seminario episcopal: la cual amiga de altercar y disputar de todo, se desdeñaba de la atenta observacion de la naturaleza; vicio general en aquella época en casi todas las Universidades y Estudios del reino, y en que no cayeron ciertamente Aristóteles, ni los mas célebres escolásticos del siglo XVI. Estudiaba nuestro jóven el segundo año de filosofía, y oyendo un dia hablar de un maestro sastre que sabia mucho de matemáticas (9), el amor á la verdad y su vehemente deseo de saber le condujo á ser amigo del sastre para hacerse su discípulo. Varias veces le oí decir despues lo mucho que habia adelantado en el cálculo y en la geometría con las lecciones que le dió aquel ilustrado artesano.

     9   Brillaba tanto entre los cursantes del seminario episcopal el jóven Amát que el Ilmo. Sr. obispo D. Asensio de Sales, prendado de sus calidades, quiso ser su especial protector, y tenerle en su palacio. El Rector del seminario comunicó á D. Antonio Amát las benéficas miras de su Ilma. [9] y este Señor al presentársele Félix acompañado de su hermano, le dijo con muy afable sonrisa: «Mira que habrás de estudiar mucho para poder defenderte: porque así como todos los de esta casa somos de la escuela jesuítica, y tú eres el único tomista que habrá en ella.» Estaba en aquella sazon en todo su vigor el espíritu de partido que dividia las aulas del seminario episcopal de las del colegio de la Compañía, y ni el confesor de su Ilma. que era un padre jesuita, ni otro alguno fuera del rector del seminario, supieron la admision del jóven Amát en la familia del Sr. Obispo hasta que le vieron en ella. He oido al Sr. Amát que á pesar del disgusto con que miraron este hecho así dicho confesor como el rector de la Compañía, siempre le trataron estos Padres con singular agrado y afabilidad; y una vez me añadió: ¿Quién sabe lo que hubiera hecho yo si no hubiese muerto luego el Sr. Obispo, y sido expelidos los jesuitas?

     10   Falleció el Ilmo. Sr. Sales á principios de 1766, y poco despues en marzo fué electo sucesor suyo el Ilmo. Sr. D. José Climent, que tanto honró la silla de Barcelona, renovando la memoria de los Pacianos, Severos, Olegarios, y de otros prelados insignes en santidad y sabiduría. Informado luego el Sr. Climent de las prendas del jóven Amát, le admitió con gusto en su familia (10), y así que le conoció personalmente, cobróle singular aficion por el candor é ingenuidad con que desde el principio se le manifestó ageno de todo fanatismo de escuela, aun de la tomística, y solamente ansioso de abrazar la verdad do quiera que la hallase. Algunas personas de mucho saber y talento, y singularmente el célebre director de la Academia de cadetes que habia en Barcelona, D. Pedro Lucuce, del Real cuerpo de ingenieros (11) y el acreditado abogado D. Ventura Vall-llosera, le aconsejaban que prefiriese la carrera de jurisprudencia á la de teología, por tener aquella mas proporciones para hacerse conocer, y lograr un destino brillante. Pero nuestro jóven, habiéndolo consultado con su director espiritual el venerable Sr. Ferrer de la congregacion [10] de San Vicente Paul (12), resolvió seguir la inclinacion que tenia á los estudios que con razon creyó ser mas propios del estado eclesiástico, á que se sentia llamado por el Señor. A lo cual contribuyó mucho tambien la aficion á las ciencias sagradas que tanto brillaba en su sabio y zeloso prelado el Sr. Climent.

     11   Mientras Amát cursó los tres años de filosofía y los primeros de teología, se dedicó especialmente en los meses de vacaciones á aprender las lenguas francesa e italiana: pero sin que por eso descuidara el estudio de las matemáticas, estudio favorito al cual sentia arrebatarse plácidamente su grande alma. Adelantó luego en ellas á sus maestros: y por lo mismo andaba en busca de libros y de personas que le explicasen las cuestiones mas sublimes; y con la emulacion que en él producia el anhelo con que se dedicaba al mismo estudio su hermano D. Antonio, que llegó á ser uno de los mas hábiles calculistas de Barcelona, hizo muy extraordinarios progresos, como se verá despues al hablar de las instituciones de aritmética y geometría que publicó.

     12   Era ya á los diez y siete años de su edad de una estatura muy extraordinaria, pues llegaba á diez palmos y tres pulgadas, de frente espaciosa, de ojos metidos, pero brillantes y hermosos, nariz aguileña, carilargo, flaco de mejillas y picado de viruelas: su semblante y todo su porte inspiraba modestia, era en el hablar muy comedido, y hasta en el metal ó tono de su voz dejaba entrever la dulzura y afabilidad de su alma. El juego y otros entretenimientos y frivolidades que ama la juventud, no tenian para él atractivo ninguno: ni podia amar siendo ya mozo aquel género de diversiones que jamás apeteció cuando niño. Así es que en su dilatada vida no anheló otro recreo que el leer, escribir y meditar ó platicar de materias instructivas. Pero aunque nunca se le vió aficionado al juego ni á los pasatiempos de la juventud, se le veia siempre alegre, cortés y afable con todos. Enemigo de cierta singularidad, hija muchas veces del orgullo, jamás siguió con tanta rigidez su inclinacion á las ocupaciones sérias, que cuando lo exigia la civilidad dejase [11] de tomar parte en las diversiones honestas á que le convidaban las familias de sus parientes y amigos. Descubríase en él cada dia mas aquel carácter circunspecto, y corazon justo y benéfico que se le habia notado desde la niñez. Era suma la exactitud en el cumplimiento de sus obligaciones, y muy ejemplar su modestia y compostura. Pero descollaba sobre todas las otras prendas su ardiente amor á la verdad; y así es que jamás se le vió usar de artificio ni engaño para excusar sus faltas ó descuidos; teniendo de contínuo delante de sus ojos aquel luminoso, precepto de JESUCRISTO: Sea vuestra respuesta: est, est, non, non. Esta gran máxima procuraba despues inculcarla siempre á los jóvenes que tenia bajo su direccion, así en el seminario como en su casa particular. Una pequeña falta, me decia un dia, confesada sencillamente y con rubor, queda ya perdonada. Pocas veces se habia visto en el seminario de Barcelona un jóven tan universalmente querido de toda clase de personas. Aludiendo á esta rara y extraordinaria aficion con que todos hablaban de él, le dió un dia la enhorabuena por cierta funcion literaria su condiscípulo el Dr. D. Joaquin Esteve, despues catedrático de retórica y poesía, dirigiéndole este dístico compuesto de repente:

¡O Felix, Felix! ¿quis te felicitor unquam?
       Qui semper FELIX, semper AMATUS eris!

     13   En 18 de enero de 1767 le habia dado el Ilmo. Sr. Climent la primera tonsura, y por disposicion suya estudió, antes de comenzar la teología por la Suma de santo Tomás, el tratado de Locis theologicis del juicioso Melchor Cano. Durante el estudio de la teología hacíale traducir varios pasajes de las Historias eclesiásticas del abad Fleuri y del cardenal Orsi, dándole con este motivo luminosas reglas de sana crítica, y preparando su entendimiento para que algun dia pesase en fiel balanza las opiniones y los hechos en la Historia eclesiástica que habia de formar. Le hizo traducir tambien al castellano [12] un cuaderno en francés, impreso despues con este título: «Respuesta á un escrito intitulado: Carta de un hombre del mundo á un teólogo sobre las calumnias que se procuran esparcir contra la Suma de santo Tomás.» Esta traduccion la corrigió y varió mucho el Sr. Climent, segun se vé en el borrador original del Sr. Amát, lleno de postilas de letra de aquel. Tradujo tambien al castellano por encargo del Sr. Climent el Catecismo de las Fiestas compuesto en francés por el abad Fleuri. Corrigió la traduccion el Sr. Obispo, y despues le hizo imprimir D. Antonio Amát. El borrador original se halla al fin del ejemplar del Catecismo histórico del mismo Fleuri, que usaba y se conserva aun entre sus libros (13).

     14   Al empezar el cuarto año de teología hizo presente el Rector del seminario á su Ilma. que D. Félix Amát quedaba nombrado para sostener el acto mayor de conclusiones generales en las fiestas que habian de celebrarse al fin del curso literario en el siguiente año de 1770. Despues de la memorable expulsion de los jesuitas, los discípulos del colegio de la Compañía pasaron á continuar sus estudios en las aulas del seminario episcopal. Y el sabio y prudente Sr. Climent, que deseaba sofocar hasta el mas mínimo gérmen de division ó enemistad entre los estudiantes de ambas escuelas, y amalgamarlas todas en una, no quiso condescender á que solo el jóven Amát saliese premiado; sino que mandó al Rector que se escogiese tambien otro de entre los cursantes que habian venido de la escuela de los jesuitas. Replicó el Rector del Seminario que era muy evidente y notoria la gran ventaja de Amát sobre todos sus condiscípulos. A pesar de esto tuvo que nombrarse otro de la escuela de los jesuitas, llamado D. Miguel Pou, que murió poco despues que el Sr. Amát, siendo cura párroco de Riells, obispado de Barcelona (14). Fué extraordinario el lucimiento de Amát en este acto de las conclusiones generales celebrado en los dias 9 y 10 de junio de 1770, las cuales se imprimieron precedidas de una elegante dedicatoria que hizo de ellas en latin al Sr. Climent. Es digna de leerse la carta con que el cura párroco de Sallent escribió la [13] enhorabuena á su querido Félix; y puede verse en el Apéndice, núm. 15.

     15   A los tres meses de haber defendido las conclusiones, dispuso el Sr. Climent que fuera á graduarse en la universidad de Gandía. En octubre de aquel año de 1770 le confirió aquel cláustro el grado de doctor, haciéndole las mayores demostraciones de honor y aprecio justamente merecidas por el lucimiento con que desempeñó todos los ejercicios literarios. Porque hizo conocer bien el nuevo doctor que no sería de aquellos muchos que con su ignorancia, y con la flojedad en proseguir el estudio ó la lectura de la sagrada Escritura, de los Concilios y Padres de la Iglesia, envilecen este honor académico, sabiamente establecido y protegido por las leyes eclesiásticas y civiles.

     16   Es digno de notarse que en medio de sus estudios servia Amát muchas veces de amanuense al Sr. Climent. Pero como nunca estaba un momento ocioso, hallaba tiempo para todo; y ademas su talento y despejo hacía que en pocas horas estudiaba lo que otros en dias enteros. En la visita de la diócesis servia de paje, de capellan y muchas veces de secretario, todo en un mismo dia. En casi todas las parroquias del obispado se ven inventarios de sacristías y archivos, decretos, provisiones y arreglos de letra suya. Ademas tenia siempre mucho cuidado de sacar para sí una copia de todos aquellos papeles instructivos que trabajaba el Sr. Climent, ó que llegaban á sus manos, y creia que podrian serle útiles en lo venidero. Entre sus manuscritos se ven copias de algunos sermones de dicho Prelado predicados en la catedral, hechas con tanta velocidad y tantas abreviaturas, que puede decirse que poseia ya el arte de la taquigrafia, entonces generalmente desconocido. Todas sus diversiones consistian siempre en cosas que daban á conocer su decidida inclinacion á las letras, y al mismo tiempo la sublimidad de su talento. Era muy frecuente el desafiarse los dos hermanos Félix y Antonio á quién de los dos resolveria mas pronto algun problema algebráico de los mas intrincados, ó formaria un cálculo especialmente difuso y complicado; y á veces tambien á quién retendria y recitaria literalmente una [14] mayor parte de los sermones que iban á oir de los oradores de mas fama. Un dia, divirtiéndose varios jóvenes en escribir con caracteres muy pequeños, llegó á hacer caber todo el credo, sin ninguna abreviatura, en una de las uñas de su mano.

     17   En 11 de setiembre de 1771 le confirió el Sr. Climent el beneficio en la iglesia parroquial de santa María del Mar, que tiene la denominacion, y el cuidado y administracion de la antiquísima capilla de Marcús, sita en el distrito de dicha parroquia. El obtentor goza el privilegio de poder poner un substituto que resida en la iglesia parroquial; y esta circunstancia facilitó á Amát el dedicarse enteramente á los estudios eclesiásticos, y al Sr. Obispo el poderse valer mas de un familiar que tan útil le era para el gobierno de la diócesis. No obstante cuidaba personalmente de aquella capilla, celebrando diariamente en ella la santa misa; y solamente puso substituto para la residencia en el coro de la parroquia. Fué ordenado de menores en 16 de marzo de 1771, de subdiácono en 27 del mismo mes de 1773, de diácono en 28 de mayo de 1774, y despues en 17 de diciembre de este año recibió el presbiterado. En el año de 1773, cuando no tenia sino veinte y tres años, le confió ya el Sr. Climent la direccion de sus pajes. Era uno de estos su sobrino D. Juan Torres Amát, de edad de 16 años, hijo primogénito de la casa de Torres, cuya vivacidad y talento, junto con una imaginacion exaltada, exigió no pequeños cuidados del Sr. Amát. El tierno afecto y la madurez de juicio con que éste le correjia y amonestaba, no fueron bastantes para contenerle; y arrebatado un dia con la lectura de la vida de los Padres de la Trapa, huyó del palacio del Sr. Obispo, y tomó el camino para Roma, dejando una carta encima de su mesa en que con las mas tiernas expresiones pedia perdon á su Ilma. de todas las faltas que hubiese cometido, y concluia que se iba sin su licencia por temer que se la diferiria mucho tiempo. Luego que el Sr. Amát halló á faltar á su sobrino, entró penetrado del mas vivo sentimiento á dar parte de la novedad á su Ilma. á quien entregó la mencionada carta. Pero el Sr. Climent le consoló, y le hizo observar que semejante [15] huida no argüia mas que un arrebato de melancolía espiritual, hija de un imprudente deseo de llegar de repente á la perfeccion cristiana. Mandó en seguida que saliera un criado con direccion á Francia; quien á una jornada y media de Barcelona halló al inexperto jóven aturdido ya y sin saber que hacerse, por haber perdido el poco dinero que llevaba para el viaje. Recibióle luego el Sr. Climent, con mucho amor, y mandó que nadie le hablase de lo sucedido.

     18   En este tiempo fué elegido Amát catedrático de filosofia del seminario episcopal, habiéndolo sido con singular aprovechamiento de sus discípulos, hasta que en de junio de 1775 fué nombrado por S. M. bibliotecario de la pública episcopal, erigida nuevamente con los libros de los jesuitas y los del seminario, y con una gran porcion de obras modernas que añadió el sabio Sr. Climent (16). Abrióse la biblioteca para el público á primeros de enero del año siguiente de 1776. Puede verse en el Apénd. núm. 17 la oracion gratulatoria que leyó el dia en que pocos años despues fue admitido en la Real academia de Buenas-Letras. Describiendo exactamente las dificiles é importantes obligaciones de un bibliotecario, no circunscritas ciertamente á la material conservacion y arreglo de los libros, manifestó bien su idoneidad para aquel destino, á la par que sus vivos deseos de desempeñarle con toda exactitud. Todavía despues de cincuenta años sirven para el uso de esta biblioteca los inventario é índices de autores y de algunas materias principales que en calidad de interinos formó de su puño con singular tino, en cosa de un año, nuestro primer Bibliotecario; á pesar de que pasan de diez mil volúmenes los que tuvo que arreglar, los mas de ellos de impresiones antiguas. Con el fin de que los estudiantes de las aulas del seminario hallasen en ella los libros mas á propósito para su instruccion, compró muchos ejemplares de varias obras elementales con el producto que sacó de los libros verdaderamente duplicados por ser de una misma edicion. Compró igualmente las tres esferas ó globos que sirven en las aulas de filosofia, obra de Gonzalez, tornero barcelonés, de una rara habilidad para la [16] construccion de toda suerte de máquinas y singularmente las neumáticas y eléctricas, de las cuales vendia muchas para varias academias extranjeras.

     19   En este tiempo, á pesar de las muchas horas que le ocupaba diariamente la asistencia á la cátedra, ó á la biblioteca, y de varios sermones que predicó, algunos de los cuales se imprimieron, comenzó á trabajar en el encargo que le hizo el Sr. Climent, al nombrarle catedrático, de leer y entresacar de los autores antiguos y modernos nociones útiles de filosofía, refundiéndolas despues en unas Instituciones proporcionadas para las aulas de un seminario episcopal, cuyos jóvenes por la mayor parte emprenden despues carreras diferentes de la eclesiástica. No era entonces ciertamente el gusto literario del siglo de Augusto, ni el del siglo de oro de España, el que dominaba en nuestras universidades y colegios. Es verdad que la fama daba ya á conocer á los Salvadores, Cerdanes, Bailes, y otros sabios matemáticos y naturalistas que se dedicaban en Barcelona al estudio de las ciencias exactas y físicas. Pero tenian la preferencia sobre estos los que en el púlpito ó en la escuela se mostraban mas sutiles ó mas fogosos en los discursos ó argumentos. Mas ¿cómo podia agradar este rumbo al que naturalmente se sentia como precisado á ceder sin repugnancia ni obstinacion cuando conocia que se engañaba, y á convencer á otro con la evidencia de la razon, pero sin orgullo y con la mas amable modestia? Tal fué el motivo de haberse hecho amigo el Sr. Amát del ingeniero Sr. Lucuce, y de la general estimacion que se granjeó de todos los hombres sabios de Barcelona: la cual produjo luego cierta rivalidad por parte de algunos que descollaban en la formacion de intrincados silogismos y sutilísimos sermones; rivalidad cuyos efectos sofocaba el Sr. Amát con su caracter humilde y genio pacífico.

     20   Ocurrió en marzo de 1775 la memorable renuncia que hizo del obispado el Ilmo. Sr. D. José Climent su venerado amo y óptimo mentor, despues de ocho años y siete meses de un ilustre pontificado, que por los grandes servicios que en él prestó á la iglesia y diócesis de Barcelona parece que duró [17] medio siglo. De letra del Sr. Amát está escrita así la renuncia como todas las cartas y papeles sobre ella, que se conservan en el archivo de la Real Cámara, y en la secretaría de Gracia y Justicia: y son muy dignas de leerse las Memorias que acerca de dicho suceso reunió despues en un tomo en 4º que existe entre sus manuscritos, y del cual envió copia á varios prelados de España que deseaban leerlas. Salió el Sr. Climent de Barcelona para vivir retirado en Castellon de la Plana su patria á mediados de 1775. Todavía despues de cerca de cincuenta años se enternecia el Sr. Amát al referir esta salida de Barcelona, y viaje á Castellon de la Plana. A pesar de que el Sr. Climent ocultó siempre, aun á sus familiares, el dia de la marcha, llegaron á vislumbrarle algunos de sus feligreses, que siguiendo su alcance quisieron recibir su última bendicion, y bañar con lágrimas del mas ardiente y respetuoso amor la mano de su tierno y comun padre. Las representaciones que el cabildo de la catedral, los párrocos y prelados regulares y otras corporaciones hicieron á S. M. para que no permitiese que se efectuase la renuncia de tan respetable, sabio y zeloso obispo, son un testimonio nada equívoco del singularísimo amor que le tenian: así como lo son de la sólida virtud de este gran prelado y de su acendrado amor al Soberano el haber rehusado admitir entonces el obispado de Málaga, y ofrecido luego renunciar el de Barcelona, una vez que esta renuncia se creia conveniente para el bien comun. Tres años vivió el Sr. Climent en el retiro de su casa paterna, cuyo local fué sucesivamente arreglándole de modo que pudiese fácilmente transformarse despues de su muerte (como sucedió) en un colegio en que se educasen los pobres huérfanos de la misma villa. Para este fin dejó formadas unas constituciones, modelo de buen gobierno de semejantes establecimientos, que imprimió despues Amát en Madrid en 1793. Visitó éste muchas veces al Sr. Climent durante su retiro; y desde Barcelona contribuia al consuelo de aquel venerando prelado noticiándole el prudente y cristiano zelo con que su sucesor el Ilmo. Sr. D. Gabino de Valladares trabajaba en solidar el piadoso establecimiento de las Cuarenta-horas, las [18] escuelas de primeras letras en los conventos, los sermones dominicales en la catedral, la vida comun restablecida en tres conventos de monjas sujetas á su jurisdiccion, y otras muchas disposiciones que el sabio Sr. Climent habia tomado en el corto tiempo que fué obispo de Barcelona.

     21   Eterna será la memoria que conservarán los barceloneses de tan digno prelado; memoria que bendicen cada domingo las muchas almas virtuosas que acuden á la catedral á oir la palabra divina, y visitan diariamente al Señor sacramentado en alguna de las iglesias de la ciudad; memoria diaria y jamás interrumpida, que subsistirá mientras haya quien ame de veras la religion. En las solemnes exéquias que se celebraron por el alma del Ilmo. Sr. Climent dió Barcelona una buena prueba del singular amor y veneracion que le profesaba. Y el Sr. Amát en la oración fúnebre que predicó en las que los familiares hicieron á su adorado amo, presentó á los oradores un modelo de la verdadera elocuencia del púlpito. El Sr. D. Félix Rico, doctoral que era entonces de Valencia y obispo que fué de Teruel, le escribió desde Madrid con fecha de 1.º de abril de 1782: Puede Vd. tener la satisfaccion de que algunos que han leído el sermon y tienen voto, entre ellos D. Antonio Tavira (célebre predicador de S. M., despues obispo de Salamanca) le celebran como pieza concluida y perfecta. Al imprimirse este sermon añadió como por apéndice, junto con la relacion de las exéquias, un Elogio histórico del Sr. Climent, en el cual pudo referir algunos hechos memorables, que no habian cabido dentro de los estrechos límites de una oracion fúnebre: aunque tuvo que pasar en silencio algunos que hubieran realzado mucho mas el mérito de aquel sabio prelado, digno ciertamente de los primeros siglos de la Iglesia. Rara vez dejan de ser necesarias estas reticencias, por otra parte sensibles, cuando se publica la vida de un grande hombre poco despues de su muerte.

     22   Halló el Sr. Amát en el bondadoso y magnánimo sucesor del Ilmo. Sr. Climent toda la proteccion y aprecio que podia desear. Animóle luego á que concluyese cuanto antes las Instituciones de filosofía para uso del seminario episcopal que [19] le habia encargado formar aquel prelado, en consecuencia de la Real órden con que se mandó que en las universidades y estudios públicos del reino se ahorrase el tiempo y el trabajo de escribir las materias que dictaban en las aulas los catedráticos, y que en lugar de ellas se diesen de leccion y se explicasen algunas instituciones impresas. He oido varias veces al Sr. Amát, que al hacerle este encargo el Sr. Climent, le preguntó á éste si deberia formarlas segun los principios y método de los modernos, ó si seguiria aun los principios aristotélicos. A mi me costará, dijo, igual trabajo cualquiera de los rumbos que tome: aunque confieso que me será mas placentero el seguir en la física el sistema neutoniano, que el que aprendí en las aulas del seminario. Y despues de una larga conversacion resolvió su Ilma. que el curso de filosofía fuese segun los principios aristotélicos; pero descartado de aquellas cuestiones inútiles que todavía se leian en las Instituciones del P. Goudin y de otros autores de aquel siglo, y enriquecido con los útiles descubrimientos que se habian hecho en los tiempos posteriores: un curso sencillo y poco voluminoso (son palabras del Sr. Amát) que forme como la línea divisoria entre los antiguos y modernos, tomando con discrecion lo bueno de unos y otros. Porque siempre estuvo bien persuadido que tratándose de unas Instituciones de filosofía para las aulas de un seminario episcopal, cuyo primario objeto debe ser no tanto la instruccion de los jóvenes que se dedican despues á otras carreras literarias, como la de aquellos que estudian en seguida la teología por la Suma de santo Tomás, y han de dedicarse á la lectura de los Padres y concilios, era preciso conservar ciertas ideas y lenguaje escolástico, sin lo cual les seria muy dificil entender despues varias importantes cuestiones fundadas sobre las nociones abstractas de esencia y subsistencia, de relaciones divinas, de materia y forma de los sacramentos, y el modo de hablar de santo Tomás y de la mayor parte de los santos padres y concilios.

     23   Pero como toda novedad, por útil que sea, hiere el orgullo ó amor propio de los que la miran hecha por aquellos que les son inferiores en la edad, puesto ó condición: de aquí nace [20] que por lo regular se oponen á ella los de mayor edad, ó á lo menos la miran con poca aficion. No obstante, á pesar de que procuraron algunos persuadir al Sr. Valladares que era útil el que se conservara en las aulas la antigua práctica de escribir los estudiantes la leccion que habian de llevar al otro dia, mandó que se imprimiera al instante el primer tomo que contiene la lógica y los principios de aritmética y geometría, y se usara ya en el inmediato curso literario de 1778. Al recorrer el Sr. Obispo el primer tomo impreso alabó la prudente condescendencia con que el Sr. Amát habia conservado todavía una cuestión de las que le parecían inútiles, y se abstuvo de introducir algunas otras de la moderna filosofía, por no chocar tan fuertemente con las preocupaciones entonces dominantes. Al presentar despues al Sr. Obispo el segundo tomo que contiene la física general y la particular, le acompañó con un papel en que manifestaba el plan de introducir poco á poco el gusto á la física moderna, añadiendo y quitando algunas cosas en cada reimpresión, para lo cual deberia reunirse todos los catedráticos y acordar las variaciones que pareciesen oportunas, encargándose uno de ellos de redactarlas. Hizo ya algunas el Sr. Amát en la segunda edicion, y hubiera hecho muchas mas en la tercera que se ejecutó en 1794, si el nuevo destino y las árdeas y espinosas tareas que entonces le absorvieron todo el tiempo, como veremos despues, no se lo hubiesen impedido. Tenia ideado el añadir un tratadista de física experimental, y algunas nociones de botánica, de geología y economía política para que los jóvenes eclesiásticos, y especialmente los que hacian de seguir la carrera de párrocos, tuviesen en las aldeas y lugares una diversion al paso que honesta y amena, muy útil y provechosa á sus feligreses. En suma la constante opinión del Sr. Amát en esta materia fué que el clero debia ponerse al nivel de los descubrimientos útiles que se habian cada dia en las ciencias físicas; y que si era perjudicial para las ciencias eclesiásticas el desterrar enteramente de las escuelas el uso de los silogismos, y usar exclusivamente del método socrático ó doctrinal, tambien lo era el querer tratar todas las cuestiones filosóficas con [21] un método puramente matemático. La experiencia ha hecho ya adoptar un medio término.

     24   Desde el año de 1778 se ha enseñado la filosofía por las Instituciones del Sr. Amát en las aulas del seminario episcopal de Barcelona (18); habiéndose adoptado despues en los Reales estudios de Tarragona, en Vich y en otros muchos seminarios conciliares y en varios conventos de regulares, aun fuera del reino. En 20 de setiembre de 1784 le escribia el sabio y modesto Sr. Veyan obispo de Vich lo siguiente: «Aunque ninguna estimacion ni crédito puede dar al curso de filosofía que Vd. compuso para ese seminario la eleccion que yo he hecho de él para el de esta ciudad, si se cree obra de mi censura, que no la puedo tener especialmente para esas materias: por lo que á Vd. toca puede tener alguna satisfaccion sabiendo que ha sido por dictámen y parecer de algunos sugetos hábiles y doctos, y prácticos ademas en enseñar, con quienes consulté. Bien es verdad, que con saber que Vd. se habia criado en la familia del Sr. Climent, y que de órden suya le habia compuesto para ese seminario, y con haber leido algo de él, especialmente el prólogo ó su introduccion, halló el referido dictámen muy propenso mi ánimo á preferirle á los demas que por ahora se conocen adaptables á estas escuelas.» Dió el Sr. Amát una prueba de su talento para las matemáticas en el método de hallar los logaritmos, que propuso en sus Elementos de matemática; formando este tratadista con toda la concision que permite la claridad, y el breve tiempo en que los jóvenes debian estudiarle en las aulas. Y en prueba de que no le eran desconocidos los varios ramos de la buena física, léase en el Apéndice núm. 19. la carta con que manifestaba á su amigo D. José Garriga, profesor de astronomía en Madrid, el juicio que habia formado de la obrita que éste acababa de publicar con el título de Uranografía ó descripcion del cielo.

     25   Publicado que hubo el Sr. Amát las Instituciones de filosofía, y deseoso el Ilmo. Sr. Valladares de solidar el arreglo del seminario episcopal, le encargó que revisando y meditando los estatutos con que se gobernaba, y teniendo presentes los usos [22] y costumbres que se observaban por tradicion formase unas constituciones que comprendiesen no solamente el arreglo interior ó doméstico, sino tambien la parte literaria. Imprimiólas el Sr. Amát de órden de su Ilma. en 1784 en un tomo en 8.º con este título: Constituciones del seminario episcopal de Barcelona, dispuestas por el Ilmo. Sr. D. Gabino de Valladares y Mesia, obispo de Barcelona. Consta ser obra del Sr. Amát por el original que es de letra suya, y se conserva entre sus manuscritos, en el cual se ven algunas palabras ó pequeñas variaciones de puño del Sr. Valladares. Como los libros solamente en las tiendas ó boticas es donde se aprecian por su volúmen, cualquiera que reflexione cuan dificiles é interesantes son semejantes obras, no admirará que se cuente este pequeño librito entre los escritos que mas honor hacen al autor. Es en los seminarios episcopales donde se forman los ministros de la religion, que colocados despues al frente de las parroquias de la diócesis, suelen influir siempre en el gobierno civil de las villas y aldeas, y prestan á los vecinos las ideas con que arreglan su conducta en todas ocasiones. Los disturbios y sucesos políticos de España desde 1808 hasta el dia presente ofrecen una prueba palpable de esta gran verdad. Bien persuadido de ella y de su importancia dedicóse el Sr. Amát con el mas ardiente zelo á la reforma del seminario episcopal de Barcelona que confiara á su prudencia y sabiduría el dignísimo prelado. Es este seminario la única casa de enseñanza pública de gramática latina, retórica, poesía, filosofía y teología que hay en la populosa capital de Cataluña, desde que en 1717 fué extinguida ó trasladada á Cervera la célebre Universidad que tanto lustre diera á Barcelona, cuyos habitantes pronuncian todavía con grata y tierna emocion de sus corazones los respetables nombres de Nuñez, Cancer, Amigant, Peguera, Cortiada y últimamente el de Finestres con quien pasó su gloria á la favorecida Cervera.

     26   Conociendo bien la dificultad especial que ofrecía tan delicado trabajo, meditó mucho las antiguas reglas con que se gobernaba el seminario, conservadas las mas por medio de una [23] confusa y poco segura tradicion: notó con particular cuidado las diferentes variaciones que habian hecho los Ilmos. Sres. Obispos en los doscientos años que habian transcurrido desde su fundacion: se cercioró bien del actual estado que tenia tanto en la parte moral y literaria, como en la económica: consultó despues los estatutos de los mas célebres seminarios, no solamente de España sino tambien de Italia y de Francia, á fin de tomar de cada uno de ellos la que fuese adaptable al de Barcelona, y estudió señaladamente lo que sobre ellos dispuso ya el santo concilio de Trento, y puso despues en práctica el gran arzobispo de Milan S. Cárlos Borromeo. Con tan sólidos fundamentos formó las Constituciones del seminario episcopal de Barcelona, obra en que brilla especialmente la suma prudencia y singular tino que caracteriza todas las producciones del Arzobispo de Palmyra. Los felices efectos que produjeron luego las nuevas constituciones en las aulas públicas y en el gobierno interior del seminario, y el brillante estado de esta casa en aquellos años que siguieron, he aquí la mejor prueba de su mérito. Adoptólas el sabio obispo de Cuenca Ilmo. Sr. Palafox para la reforma de su seminario. El Ilmo. Sr. Obispo de Badajoz y otros varios prelados hicieron lo mismo.

     27   Entre los manuscritos del Sr. Amát se hallan los apuntamientos que hacia para formar un librito que intitulaba: El Seminarista en el seminario de María Santísima de Montealegre y de santo Tomás de Barcelona. Dividíale en cuatro capítulos. En el 1.º trataba del órden del dia; y en ocho paragrafos hablaba 1.º de los ejercicios de mañana y tarde y noche. 2.º del estudio. 3.º de las aulas. 4.º de la comida. 5.º de las conversaciones. 6.º del paseo. 7.º del silencio. 8.º de las habitaciones y corredores. En el 2.º capítulo ponia el método para oir la misa con devocion. En el 3.º oraciones para confesar y comulgar. Y el capítulo 4.º tenia por título: Máximas que se han de tener presentes. Habíase establecido poco ántes en el seminario el estudio de la teología por la Suma de santo Tomás, que se mandó enseñar por Real órden en todas las universidades del reino, despues de muchas consultas sobre este [24] punto. Véase como hablaba sobre eso el Sr. Amát en 1794 escribiendo al Ilmo. Sr. Vayan, obispo de Vich (Apéndice número 20).

     28   Conociendo el Sr. Valladares que nadie mejor que el Sr. Amát podria poner en planta el nuevo arreglo del seminario, le manifestó sus deseos de que pasase á vivir en él con el destino de director, y así lo hizo en 19 de agosto de 1784. Era todavía rector el Dr. D. Pedro Sanmarti, que habia sido su catedrático de filosofia. Unidos estrechamente y acordes los dos pusieron luego en ejecucion las nuevas Constituciones, no sin tener que vencer muchas dificultades y sufrir la solapada oposicion de alguno, que movido mas que de otra cosa de la emulacion y envidia por el singular aprecio y confianza que el nuevo director se habia granjeado del prelado, quiso explayar al cabo de muchos años estas bajas pasiones sindicando ciegamente alguno de los escritos del Sr. Amát. Tan cierto es que hace mas guerra á los hombres la envidia por lo bueno que tienen, que el zelo por lo malo que hay en ellos. Pero el Sr. Amát logró dar un feliz impulso á catedráticos y á discípulos; y dióle mas con su ejemplo que con su autoridad: con el ejemplo digo, que es aquel medio eficaz, y que no puede suplirse bien con ningun otro, para lograr la buena educacion de la juventud, y toda reforma saludable en las corporaciones ó comunidades. A pesar de los obstáculos que se presentaron para la reforma del seminario, ello fué que al saberse que estaba de director el Sr. Amát, acudieron de todas partes de Cataluña tantos jóvenes solicitando ser admitidos como pensionistas, que en el primer año quedó enteramente ocupado todo aquel grandioso edificio. Vióse luego en las aulas públicas una notabilisima mejora, y una noble emulacion y deseo de lucir en todos los alumnos. Informábase por sí mismo el director, cada semana, de la aplicacion y conducta de los estudiantes, visitando sus aulas y haciéndoles algunas preguntas sobre la leccion del dia: á todo lo cual habia precedido un informe secreto del catedrático sobre los que merecian elogio ó reprension. Y así, antes de despedirse de cada aula, reprendia [25] públicamente á los neglijentes, inspiraba una cristiana emulacion entre los aplicados, y animaba á aquellos pobres muchachos que manifestaban talento y aplicacion, proporcionándoles algun socorro para comprar libros, y no pocas veces el que pudiesen estar en alguna casa que por el trabajo de acompañar ó enseñar á leer y la doctrina á los niños les suministrase el preciso alimento. Era el director como un nuevo espíritu que animaba aquella casa de educacion. La subsistencia de esta dependia, por la absoluta falta de rentas en que se hallaba, de la módica pension que pagaban los colegiales pensionistas: lo cual hace ver que ocurririan muchas dificultades para su arreglo (21).

     29   No era entonces la salud del Sr. Amát muy robusta, y así se resintió notablemente del asíduo y árduo trabajo de la formacion de las Instituciones de filosofia, de las Constituciones para el seminario, de otras tareas del ministerio eclesiástico. Ya habia experimentado el raro fenómeno de quedarse enteramente ciego por espacio de mas de dos horas, despues de haberse aplicado con singular ahinco á sacar un cálculo matemático muy complicado, que le propuso, solamente para probar su perspicaz talento, el sabio coronel de ingenieros D. Pedro Lucuce. Este hábil profesor dijo un dia al Sr. Climent que no habia visto ningun entendimiento tan á propósito para las matemáticas como el del jóven Amát, y le comparaba al célebre Pascal. Pero aunque era grande la propension de aquél al estudio de las ciencias exactas, no era menor la que le habia sabido inspirar el sabio prelado al de las ciencias sagradas; y así es que desde que acabó la teología, el estudio de la religion fué siempre el principal objeto de sus afanes. Teníale destinado Dios para ilustrar la Iglesia de España presentando á los fieles aclaradas muchas verdades que nos enseñaron los santos obispos de los primeros siglos, y que llegaron á ofuscar en varias épocas los dos terribles enemigos de la religion de JESUCRISTO, la impiedad y la supersticion.

     30   Temeroso de perder la salud, resolvió por consejo del célebre médico Dr. Balines interrumpir por algunos meses toda [26] lectura ó trabajo mental. Mas previendo cuán dificil le sería el conseguirlo sí se quedaba entre sus libros, hablando de esto un dia con su apreciable compañero y buen amigo el Dr. D. Antonio Bardolet, les ocurrió de repente el hacer un viaje á Madrid para saber lo que era la corte y la capital de la monarquia. Resuélvenlo: se dan ambos la palabra de no volver atrás en la resolucion tomada, y en seguida pasan á pedir el correspondiente permiso al Ilmo. Sr. Obispo, quien les da además letras comendaticias (con fecha de 18 de abril de 1783) y parten inmediatamente los dos amigos, sin despedirse mas que de sus hermanos y personas mas inmediatas.

     31   Tenia el Sr. Amát en la corte un pariente con el distinguido destino de Contralor general del Real palacio, destino en aquella época de los principales, pues era el gefe que bajo las órdenes del Mayordomo mayor corria con el gobierno económico de la Real casa. Llamábase D. Juan Fermin de Ochoa y Amát, caballero de la orden de Santiago, jóven de veinte y seis años, hijo del Sr. D. Francisco de Ochoa que habia servido el mismo empleo, y de D. Teresa Amát, hija del Sr. D. Francisco Amát, tesorero que habia sido del Sermo. Sr. Infante D. Luis de Borbon, cardenal arzobispo de Sevilla y de Toledo, prima carnal del padre del Sr. Amát. Fué recibido este con especial aprecio así del contralor como de su madre y hermanas; y he oído referir muchas veces á la mas pequeña de estas que aun vive, D.ª Javiera de Ochoa, en cuya compañía acabo de pasar cuatro años, la admiracion que les causó el primo Amát, cuando oyeron que nada quería sino ver á Madrid y los sitios Reales, y volverse á Barcelona á continuar sus tareas literarias, desechando siempre toda idea de quedarse en la corte. Hacíale ver su prima D.ª Teresa cuán fácil le seria al contralor el lograrle una capellanía de honor, ú otro destino para vivir en Madrid, mayormente con el mérito que habia contraido publicando el curso de filosofía. Pero el Sr. Amát despues de manifestarle su gratitud, le dió bien á conocer que su felicidad se cifraba en el estudio, y que toda su ambicion quedaba satisfecha con el beneficio que tenía en Barcelona, y [27] le producia unos cuatro mil reales: los que unidos á los cinco mil que le valia el destino de bibliotecario, le daban lo suficiente para mantenerse. Le oí decir despues varias veces que nunca habia vivido tan á su placer como en estos años, en que reunido en una casita con el Dr. D. Joaquin Roig, familiar que habia sido tambien del Ilmo. Sr. Climent, y asistidos de una mujer anciana, estaban libres de los muchos cuidados é incomodidades que ocasionan las grandes rentas y muchedumbre de criados.

     32    Mas no se crea que esta moderacion era hija del egoismo. Desde que, muerto el Sr. Climent, se puso á vivir en una casa con su compañero el Dr. Roig, tomó á su cargo el cuidado y direccion de algunos sobrinos, á quienes enseñaba con su constante aplicacion al estudio, y mas aun con su vida irreprensible. Así lo he oido contar mil veces á mis dos hermanos Pedro é Ignacio que estuvieron entonces en su compañía. Cuando poco despues, concluida la gramática latina, debia yo ocupar el lugar de mi hermano Pedro, el Sr. Amát que se quejaba muchas veces de la gran falta que le hacia el conocimiento de las lenguas orientales, y el mucho trabajo con que, por falta de maestro, habia aprendido últimamente algo de la lengua griega, escribió á mis padres que en vez de hacerme comenzar la filosofia en Barcelona me enviasen á estudiar el griego y el hebreo en la universidad de Alcalá de Henares, en donde se hallaba de capellan mayor y colegial en el Mayor de S. Ildefonso mi hermano Juan, paje que habia sido del Ilmo. Sr. Climent, como antes se ha dicho. Y no sé pasar adelante sin pagarle aquí á mi buen hermano el justo tributo de amor y de gratitud, acordándome del esmero con que cuidó de mi educacion en aquellos dos años que estuve con él, y sobre todo del cariño con que, por no gravar mas á nuestra casa paterna, empleaba para mi subsistencia una parte de los alimentos que le daba el colegio (Véase el Apend. núm. 22).

     33   En los tres meses y dias que el Sr. Amát estuvo en Madrid, tuvo ocasion de tratar con los principales sabios que brillaban en aquella venturosa época en la capital del reino. Los [28] Sres. Bayer, Cerdá, Muñoz, Capmany, Bails, Sanchez, los hermanos Iriartes, y otros muchos le honraron con su amistad, y le manifestaron el grande aprecio que les merecia todo lo que tenia relacion con el sabio obispo Climent. Trató tambien al Sr. Campomanes; y tuvo con los beneméritos profesores que brillaban entonces en los Reales estudios de S. Isidro varias conferencias sobre ciertos puntos de física, especialmente sobre el sistema de Tichô Brahe que el Sr. Amát prefiriera al antiguo de Tolomelo, y al moderno de Copérnico. El Sr. D. José Falomir, catedrático que era de lógica, díjole un dia que extrañaba que un hombre de talento dejase de conocer la certeza de un sistema ya demostrado, como el de Copérnico. A lo que respondió: «Si Vd. me pone una ó dos proposiciones ciertas de las cuales se siga por consecuencia necesaria el sistema de Copérnico, le abrazaré al momento.» Calló el Sr. Falomir, y entonces le demostró el Sr. Amát que ninguno de los sistemas se podia probar con certeza. Despues de veinte años, en un viaje que hicimos con dicho señor á Madrid desde Tarragona, de cuya iglesia fué canónigo, confesó que la propuesta del Sr. Amát le habia cerrado la boca. Varias veces le oí decir á éste que aquella primera ida á Madrid, proporcionándole el trato, con los literatos de la corte, le habia ilustrado muchísimo para la direccion de sus estudios privados, de los cuales se sacan siempre ventajas mucho mayores, si se saben escoger los mejores autores en cada materia. Despues de este viaje á Madrid continuó en su tenor de vida estudiosa y retirada. Predicaba tres ó cuatro sermones al año, y en todos ellos se observaba siempre aquel estilo grave, y la sólida y magestuosa elocuencia con que los barceloneses habian oido predicar al Ilmo. Sr. Climent. Fueron singularmente aplaudidos los que predicó en 1780 en las fiestas de santo Tomás de Aquino que celebra anualmente el seminario, en 1781 en los ejercicios espirituales del Clero de la diócesi, en 1782 en la solemne traslacion del Santísimo Sacramento al nuevo altar que construyeron los parroquianos de la iglesia de Santa María del Mar, y sobre todos el de la Concepcion de María Santísima, dia destinado [29] por el Excmo. Ayuntamiento de Barcelona para la solemne accion de gracias por el nacimiento de los dos Infantes gemelos en 1783, por el tratado de paz con Inglaterra. Varios de estos sermones se imprimieron, y andan sueltos: pero formarán parte de la coleccion de mas de ochenta, predicados casi todos siendo magistral en la santa iglesia de Tarragona, que está ya arreglada para poderse dar á la luz publica.

     34   En 1781 fué nombrado socio de la Real Academia de Buenas-Letras, que era uno de los mejores adornos literarios de la ciudad de Barcelona, en cuyas casas consistoriales celebraba sus sesiones de tiempo inmemorial. Y no obstante de ser el Sr. Amát uno de los socios mas jóvenes, le eligió poco despues para componer la oracion gratulatoria con que la Academia debia felicitar al augusto Monarca de las Españas el Sr. D. Carlos III. por el feliz nacimiento de los Infantes gemelos y la paz general que acababa de proporcionarnos aquel benéfico y sabio Soberano. Compuso en estos años varias disertaciones históricas que le encargó la Real Academia de Buenas-Letras, y algunos discursos sobre economía política; sin que por eso dejase de atender á los asuntos domesticos de su dilatada parentela, á que le llamaban sus hermanos y amigos no pocas veces. Para todo le proporcionaba tiempo el anhelo con que aprovechaba todos los instantes. Mientras vivió con el Sr. Climent y despues cuando vivia en una casa particular, oía leer durante la comida primero un capítulo de la Biblia, y en seguida alguna obra divertida y provechosa, como el Espectáculo de la naturaleza por el abate Pluche, la Historia de España por el P. Mariana, y otras semejantes. Las gacetas ó periódicos los recorria al tiempo de tomar chocolate, ó al levantarse de la mesa. Tambien trabajaba en estos años en la formacion del Diccionario catalan-castellano-latino que, como veremos despues, se imprimió en 1800. Viendo las grandes sumas de dinero que se extraian del reino, especialmente para la compra de los libros destinados á la enseñanza pública en las universidades y colegios, habiendo conferenciado sobre este punto con dos libreros de los principales de Barcelona, proyectaron estos formar [30] una compañíaque tomase por su cuenta la impresion de las varias obras que tenian mas consumo. A este fin cuando estuvo en Madrid en 1784 presentó al Sr. Conde de Floridablanca, entonces Ministro Secretario de Estado, el papel que damos en el Apéndice núm. 23.

     35   En Mayo de 1784 llegaron á Barcelona los Sres. Daniel Maldenhawer y Tomás Christian Tychsen caballeros dinamarqueses que habian venido á viajar por España con el objeto de enterarse de todos los ramos de nuestra literatura antigua y moderna, pero muy especialmente de la época de la dominacion de los árabes. Venian muy recomendados del Ilmo. Sr. Perez Bayer; y el canónigo de Valencia Sr. Sagarra, amigo de éste (que por haberlo sido los dos del respetable Sr. Climent trataban con mucha confianza al Sr. Amát) le escribió por el correo lo siguiente: «No sabemos de qué profesion son esos señores; pero es regular que sean protestantes. Son atentos y bien criados. Han visto todo lo de esta catedral, el Real colegio y capilla de San Vicente, el edificio del consulado &c. Su aficion es á las letras, y han venido muy recomendados de nuestra corte; y me dice el Sr. Bayer, que les dió muchas veces su mesa, que de órden del Rey se les regalaron algunos libros &c. Se conoce que están muy instruidos en la Biblia: han sacado varios apuntamientos de una en griego y manuscrita en vitela que hay en esta biblioteca episcopal, y que ellos han celebrado mucho.» Con estos antecedentes procuró el Sr. Amát esmerarse mas en obsequiar á los dos literatos dinamarqueses, enseñándoles los preciosos manuscritos y libros raros que contienen las bibliotecas públicas de Barcelona, singularmente la de los Carmelitas descalzos, y haciéndoles conocer algunos sugetos particularmente instruidos que habia entonces en esta ciudad, entre ellos al Sr. D. N. Salvador, cuyo precioso muséo admiraron mucho al saber que su abuelo le habia comenzado á formar, cuando eran aun muy raros en Europa los particulares que poseian semejantes preciosas colecciones de los tres reinos animal, vejetal y mineral.

     36   Desde que el Sr. Amát conoció á los dos literatos extranjeros, [31] se propuso aprovechar todas las ocasiones que se le ofreciesen, para desvanecer en ellos las muchas y crasas preocupaciones con que suele juzgarse fuera de España del estado así político como moral y religioso de nuestra nacion. Acompañóles un dia á ver la catedral, y al salir les propuso el entrar en el inmediato edificio que fué palacio de los antiguos Condes de Barcelona, y luego de los Reyes de Aragon. Llevóles á la habitacion del Sr. D. Simon Rodriguez Laso, eclesiástico muy atento y jovial, y de no vulgar instruccion en las bellas letras y ciencias naturales, el cual fue enseñando á los extranjeros varias salas del edificio, siguiendo con ellos entre tanto la mas amena é instructiva conversacion sobre varios sucesos de la historia de España, hasta que por último los introdujo en una sala adornada sencilla y magestuosamente que les manifestó ser la sala del tribunal. Entonces les dijo sonriéndose el Sr. Amát: Estamos, señores, en el tribunal de la Inquisicion, y este digno amigo del Sr. Bayer y mio, es el Sr. Inquisidor fiscal. La sorpresa se vió pintada al momento en los semblantes de aquellos dos caballeros. Yo me alegro, díjoles luego el Sr. Laso, que el Sr. Amát les haya ocasionado á Vds. este momentáneo susto; porque el rectificará los ideas que Vds. tienen del santo Oficio, cuyo solo nombre es un escándalo para otras naciones. Hízoles ver en seguida el modo de proceder contra los acusados, las cárceles y el alimento que se les daba, y les explicó todas las prácticas y reglas con que se gobernaba en el dia la Inquisicion. Despues de diez años contaba todavía este lance el Sr. Tychsen, profesor de la universidad de Gottingen, como uno de los sucesos mas notables de sus viajes, á mi hermano D. Juan Torres Amát, que viajaba por Europa para enterarse de todo lo perteneciente á la educacion y enseñanza de la juventud. El Sr. Amát cuenta un resultado de esta visita en su Historia eclesiástica, lib. XI. c. III. n. 38, en que habla de un ministro protestante, que vino despues á España, donde permaneció cerca de tres años, y vió ser exacta la idea que de la Inquisicion le diera su amigo el Sr. Tychsen.

Arriba

    Vida del Ilmo. Señor Don Felix Amat, Arzobispo de Palmyra ...
     Lo escribió ... Fèlix Torres Amat ...
Pàgina principal Enviar comentaris Fitxa de l'obra Marcar aquesta pàgina Índex de l'obra Amunt Següent
Marc legal