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¡Adiós, hermana, adiós! El alma mía
¡Ah! ¡Siempre como término la muerte!
¡Ah! Yo que en torno de tu sien he visto
Aquí, mirando el cristal
Aún resuena en el fondo de mi pecho
¡Ay! ¡Tu hogar está húmedo y sombrío
Bañarse en la gota de rocío
Bien pronto, hermosa, y con risueño orgullo
Brinda albergue sin igual
Brisa que en medio de la selva canta
Comenzaba a reír la primavera
Cuando la tarde se inclina
Cuelga tan sólo del ombú, en la loma
Era de la Creación el cuarto día
Era esa pampa dilatada y sola
Es la mañana: nardos y rosas
Estos, Fabio ¡ay dolor! Que ves ahora
¿Es verdad que te ausentas de la patria
Has llorado recién. ¿Por qué has llorado?
¿Has podido dudar del alma mía?
Hijas volubles de la mar, tenemos
Largo tropa de carretas
¡Lejos se oculta a mis ojos
¡Oh! Dulce amiga del triste
¡Oh! ¡Mis islas amadas, dulce asilo
Para cantar de América la bella
Por entre el bosque, desplegada cinta
¿Por qué estás triste, dulce bien mío?
Que voz suave, qué sonoro acento
¿Quién no ha visto en las orillas
Se sueña, se presiente, se adivina
Tú «Flor de la caña»
¿Tú piensas que te quiero por hermosa
Tú, que enjugas la lágrima vertida
Ven, sigue de la mano
¿Versos? ¡y tienes dieciséis años!
¿Ves aquel sauce, bien mío
Yo conozco en las islas un arroyo
Yo tengo mis recuerdos asidos a tus hojas
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