Notas
310. Esta es la única materia en que no guardaba secreto el santo tribunal: en los templos mismos de un Dios de
paz y misericordia se ven escritos, entre llamas, los nombres de los condenados por la Inquisición. La puntualidad
con que los señala es digna del mayor elogio, y puede verse en la Iglesia de San Juan de Dios de esta ciudad el
nombre del reo, su patria, el pueblo de su vecindad, el oficio en que se ocupaba, y hasta el nombre de su marido,
si era mujer la que había sido condenada; todo se halla especificado escrupulosamente para gloria del santo oficio,
y de la ilustración de este siglo.

311. Algunas veces faltaba el santo tribunal a esta regla, y asaba vivos a los reos, aunque fuesen confesos; pero
era cuando habían cometido delitos muy atroces. Sucedió uno de estos casos en el auto general celebrado en Logroño
en los días 7 y 8 de noviembre del año 1610; dice así la relación del auto: Ecepto una que se llamaba María de
Zezaya, que fue confitente, y su sentencia de las más notables y espantosas de cuantas allí se leyeron. Y por haber
sido maestra y haber hecho brujos a gran multitud de personas, hombres y mujeres, niños y niñas, aunque fue
confitente, se mandó quemar, por haber sido tan famosa maestra y dogmatizadora. Por supuesto que el delito no
merecía nada menos: ¡cuando no la pudo salvar la misericordia del santo oficio!

Historia del tribunal de la Inquisición de Lima : 1569-1820. Tomo II
José Toribio Medina
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